Paris Match | 22.12.2004

octubre 29, 2011



Aniversario en el castillo
Céline Dion, Michel Drucker

Triple celebración en el palacio de la cantante en Montreal: el presentador celebró el 40 aniversario de su carrera y sus 20 años de amistad. Además, fue el 10 aniversario de bodas de Céline con René.


Navidad de 1964, tengo 22 años... Llevo ya varios meses frecuentando los platós de la mítica calle Cognacq-Jay, abiertos las 24 horas del día, ofreciendo mis servicios a los gigantes de la época: Léon Zitrone, Roger Coudere, Robert Chapatte, Georges de Caunes... Llevando el correo de unos, sirviendo cafés a otros, trabajando hasta la noche, siempre buscando la mínima oportunidad de darme a conocer... Fue hace exactamente cuarenta años. Cuatro décadas durante las que pensé mucho en aquel joven. Abriéndome camino ante las cámaras de la televisión francesa de los años 60, cuyos canales se veían a través de cuatro millones y medio de antenas de televisión.

Diciembre de 2004, estoy en el avión con destino a Montreal... Tengo cita con la artista que representa uno de los momentos más destacados de estos cuarenta años. Sucedió en enero de 1984: ya sorprendido por seguir allí después de veinte años de televisión, presenté a una adolescente de 15 años que ya había cosechado unos cuantos éxitos prometedores. Han pasado ya veinte años desde su primera aparición en mi programa "Champs-Elysées" ante varios millones de telespectadores conmovidos por su voz, ya entonces excepcional, y por su timidez de niña que no se sentía del todo bien en su piel...

En casa de Céline Dion, en su residencia de Isla Gagnon en Laval, cerca de Montreal, decidimos celebrar este doble aniversario: mis cuarenta años de televisión y nuestros veinte años de amistad. La ocasión perfecta para desempolvar recuerdos profesionales, pero también la televisión, que ha sido la gran aventura de nuestras vidas. Fue la televisión, primero en Francia y después en Estados Unidos y el resto del mundo, la que dio a conocer a esta artista que hoy ha vendido más de 180 millones de discos. Un éxito excepcional porque es la primera mujer que ha batido ese récord... con sólo 36 años.


¿Qué te inspiran estas fotos que he guardado de tus inicios en el plató de "Champs-Elysées"?

Me veo paseando contigo por la calle. No muy lejos estaban René, mi madre, mi letrista Eddy Marnay, y Mia Dumont, que sigue siendo mi encargada de prensa y mi amiga. Cuatro personas que sentaron las bases de mi carrera y a las que se lo debo todo.


¿Eras consciente de que la televisión jugaría un papel tan esencial en tu vida?

Lo supe más tarde, porque en 1984 sólo era una adolescente incómoda consigo misma, que no era en absoluto consciente de lo que le estaba pasando. Para mí, Francia era América, y como todos los cantantes de Quebec quería ganarme ese país cuyo idioma heredamos en mi país.


La televisión siguió dándote alegrías... también le debes tu debut en Estados Unidos.

Efectivamente, lo que los franceses no saben es que fue otro talk-show, el programa de Johnny Carson, el que me dio la primera oportunidad en Estados Unidos diez años después. La canción de la película Íntimo y Personal, con Robert Redford y Michelle Pfeiffer, que yo interpreté, había tenido mucho éxito, pero los americanos no me conocían del todo. Esas apariciones me dieron a conocer en una noche.


¿Cómo te preparaste para aquellas primeras apariciones televisivas en Estados Unidos?

Antes de nada hay que decir que, cuando René y yo decidimos unos años antes probar suerte en Estados Unidos, tomé clases intensivas de inglés ocho horas al día durante seis meses. Cuando llegué a Los Angeles, hablaba y cantaba en inglés como si fuera americana. Gracias a eso pude sentirme cómoda después en los platós de allí.


En 1996, en el estadio olímpico de Atlanta, te convertiste en estrella mundial en cuatro minutos...

Aquella actuación en el estadio olímpico durante la ceremonia de inauguración de las Olimpiadas siempre será el recuerdo más fuerte de estos últimos veinte años. El comité olímpico quería a una cantante americana para interpretar la canción de apertura, The Power of the Dream, y gracias a la intervención de Bill Clinton, a quien le gustaba mi voz, finalmente me escogieron a mí. Un estadio lleno, millones de telespectadores, una orquesta de cien músicos y decenas de coristas: ¡imagínate cómo estaba yo! Ya durante el ensayo sentía la presión. Aquella actuación me facilitó mucho las cosas cuando empecé a actuar por el resto del planeta.


Háblame ahora de la historia de la canción de la película Titanic, My Heart Will Go On, que a día de hoy sigue siendo tu mayor éxito en todo el mundo...

Es una historia extraña... James Cameron llevaba ya varios meses filmando Titanic, y en Hollywood circulaban los rumores más alarmantes en cuanto a si podría o no terminar la película. Un presupuesto desmesurado, un rodaje interrumpido... En aquel clima de incertidumbre el compositor James Horner, que ya había hecho grandes clásicos en América, me propuso grabar la canción de la película, desmintiendo así todos los rumores sobre la que es una de las mayores aventuras de la historia del cine. Después de que él cantase la melodía mientras la tocaba al piano, le hice saber a René Angélil que no me entusiasmaba. James Horner tuvo la inteligencia de contarme con mucha emoción la tragedia del Titanic, que se hundió en 1912 en circunstancias especialmente dramáticas. Se sentó una última vez al piano y grabé la canción en una sola toma. Y lo que te puedo decir es que la voz de la maqueta es la que incluimos en el disco final y en la banda sonora de la película. Repito: sólo hice una toma, la orquesta filarmónica y los arreglos se añadieron después... ¡Fíjate cómo se hace un éxito internacional!


Volvamos a tu vida de hoy, en Las Vegas...

Llevo dos años aquí, y me quedaré otros dos años más porque acabo de firmar por un año adicional. Canto cinco días a la semana durante una hora y media. Mi vida está perfectamente organizada: tres cuartos de hora después del show me reúno con mi hijo René-Charles, mi prioridad. Estoy serena, y te puedo decir que tengo intención de darle a mi hijo un hermanito o una hermanita en estos próximos cuatro años.


Háblame de tu hijo, que parece ser que le gusta acostarse tarde...

¡Tal cual! Efectivamente tengo un hijo que no se acuesta antes de las dos de la mañana y que se levanta a las dos de la tarde. Nos lamentaremos el año que viene, cuando tenga que empezar a a adaptarse al horario escolar ¡De momento, es el único niño que manda a sus padres a la cama antes de irse a dormir él! Ya que me hablas de mi hijo, quiero hablarte un segundo de su padre porque esta noche no sólo celebramos un doble aniversario sino uno triple; René y yo celebramos diez años de casados. 

Diez años ya... No todo fue un camino de rosas durante estos años: René tuvo un cáncer y yo perdí a mi padre. Como todas las familias, hemos tenido nuestros buenos y nuestros malos momentos. Pero nunca paré de cantar porque para nosotros, los artistas, esa es la mejor forma de superar los malos momentos. Me dijeron que mi padre se moría tres horas antes de subirme al escenario. Canté las tres primeras canciones del espectáculo con un nudo en la garganta, antes de explicarle al público que aquel no iba a ser un concierto como los demás.


¿Cuándo vendrás a verme a París?

Por muy lejos que esté de Europa nunca me olvido de Francia, que me dio mi primera oportunidad. Probablemente iré en 2005, porque vamos a lanzar un recopilatorio de mis grandes éxitos en francés. Mientras tanto, le deseo al público francés Feliz Navidad y próspero Año Nuevo...



Después de Las Vegas, otro hijo con René...

Céline Dion lleva viviendo una vida inimaginable los dos últimos años: volver a casa todas las noches para estar con su hijo, su marido y una botella de leche en la nevera. Por ese sueño escogió Las Vegas, y en 2003 firmó el contrato de cinco conciertos a la semana que le permite separarse de su René-Charles (que cumplirá 4 años el 25 de enero) después de comer para volver a reunirse con él a la hora de cenar, aunque salga de casa a las 17:00 y vuelva a medianoche. Todas las noches, René la acompaña al Colosseum, la sala de conciertos del Caesar's Palace que se construyó especialmente para ella. En veintitrés años no se ha perdido ni uno de sus conciertos. Céline sólo confía en su familia para cuidar de su hijo. Cuando una tiene trece hermanos, eso es todo un mundo. Linda, una de sus hermanas, que no pudo tener hijos, cuida del pequeño que además es su ahijado.

En Las Vegas, Céline va en barco y juega a los bolos; René se recorre las pistas de golf. Cada seis semanas, la artista le cede el escenario a Elton John para tomarse quince días de descanso. Un lujo increíble. Maravillada, se permite tener sueños gigantescos: aunque cantó la canción de Titanic, sueña con irse de crucero por el Mediterráneo... Aunque se recorrió el mundo varias veces, sólo conoce salas de conciertos. Quiere visitar las Islas Griegas, pasear por el puerto de Saint-Tropez, la buena vida... Y después, cuando ya esté en plena forma, se embarcará en una nueva aventura, en Nueva York. "Allí nos espera un embrión congelado", explica la cantante. Céline se pasó seis años intentando tener un hijo. Tras la enfermedad de René, optó por la inseminación artificial. Y tuvo la suerte de tener éxito al primer intento, así que tomó la precaución de congelar uno de los embriones concebidos in-vitro. Para Céline, el público forma parte de su familia, no les esconde nada. 

De hecho, no distingue entre vida profesional y vida privada, así fue como de joven se enamoró de René. Lo conoció a los 12 años, él tenía 39. Tras escucharla cantar en una maqueta dos canciones escritas por su madre, juró que la convertiría en una estrella. Aquella era la última oportunidad de René; ya había hipotecado sus bienes. Cuando en 1984 la adolescente se subió al escenario del Olympia, él supo que había ganado la apuesta ¿Sabría también que la niña prodigio ya no lo miraba con la misma inocencia? "Era tan elegante, tan misterioso... Por la noche, me iba a dormir con su foto al lado. La cubría de besos y la escondía bajo la almohada para que mi madre no la descubriera." En 1988, en la euforia de su victoria en Eurovisión, Céline le dio el primer beso. Ella tenía entonces 20 años.

Cinco años más tarde, el día de su 25 cumpleaños (30 de marzo de 1993), René le propuso pasar a algo más serio: un anillo Cartier con diamantes y la esperada pregunta: "¿Quieres casarte conmigo?" Fin del capítulo del cuento de hadas. Un tiempo antes, Céline le había salvado la vida cuando a René le dio un infarto. Una nimiedad en comparación con lo que les esperaba en 1999, cuando René tuvo que luchar contra un cáncer de piel. Durante seis semanas Céline no cantó ni una nota. Un récord para esta adicta al trabajo, pero quiso cuidar de él. El 31 de diciembre de 1999, tras haber llenado el Stade de France dos noches seguidas, se despidió del escenario. Quería vivir.

Cinco años antes se casaron en la basílica Notre-Dame de Montreal. Él de frac, ella con un vestido blanco con una cola de 10 metros. La ceremonia, oficiada por un cardenal, se retransmitió en directo en televisión. Para oficializar el nuevo comienzo, decidieron "volver a casarse"... Para él, una túnica blanca y un gorro bordado, para ella una corona de oro y un vestido dorado. Bajaron de su Olimpo para instalarse en Jupiter Island, en Florida, donde nacería su hijo en enero de 2001.

Céline tiene el objetivo de volver a intentarlo en 2007. Ese año llegará a su fin el contrato en Las Vegas y los médicos podrán decir si el cáncer de René está superado. Entonces será el mejor momento para embarcarse en un nuevo embarazo.

 

 

 

 

You Might Also Like

0 comentarios