La Semaine | 05.02.2016

agosto 03, 2011


EL ÚLTIMO ADIÓS A RENÉ

En días tan fríos como fueron el 21 y 22 de enero, una artista lloró al hombre de su vida rodeada de sus hijos, que perdieron a un padre dedicado. No estuvo sola en un momento así. Tanto en la capilla ardiente del jueves como en el Funeral de Estado al día siguiente, miembros de su familia, conocidos, famosos y fans se desplazaron para dar el último adiós a René Angélil y ofrecer sus condolencias a Céline y los suyos. Les presentamos el recuerdo de un homenaje a un representante excepcional y a un hombre que deja tras él la imagen de un ser generoso e íntegro.



CÉLINE, ¡MÁS GRANDE QUE NUNCA!

La emoción era palpable y el silencio que reinaba en la basílica Notre-Dame sólo lo interrumpían los discretos violines de un réquiem en segundo plano. Alrededor de una Céline con la emoción a flor de piel, familia, conocidos y famosos llegaron para rendir un último homenaje tanto al excepcional representante como al gran hombre que fue René Angélil.


Reinaba la solemnidad en la basílica Notre-Dame de Montreal, lugar que René escogió para su funeral. Un lugar importante para él, ya que fue donde celebró su boda con Céline hace 21 años. Digna y cercana a pesar del inmenso dolor de haber perdido al hombre de su vida, la cantante recibió las condolencias del público a sólo unos pasos del féretro de su marido. Su hijo mayor, René-Charles, muy afectado, permaneció a su lado para apoyarla. Sobriamente vestida de negro, con guantes largos y un velo, la cantante se tomó tiempo para hablar con cada uno de los asistentes, darles la mano y abrazarlos con toda sinceridad.

Alrededor de la basílica Notre-Dame, donde tuvo lugar la capilla ardiente, se instaló un sistema de seguridad. Decenas de coches de policía y numerosos agentes de seguridad se aseguraron de que todo se desarrollase con calma y respeto. En la entrada de la catedral, cientos de personas - algunos esperaron desde las 6 de la mañana en el frío glacial - hacían cola en un largo pasillo con ballas, para manifestar su apoyo a la cantante, a su familia y a la memoria de su marido.

Antes de que el público pudiese entrar a las 14:00, se reservó un momento a la familia y amigos de la pareja, un momento privado en el que su entorno le presentó sus condolencias. Varios de los hermanos y hermanas de Céline, Mamá Dion (que además de perder un yerno tuvo que decir adiós a su hijo Daniel, también por culpa del cáncer) así como el hermano de René Angélil, André, y otros miembros de su familia pudieron estar con Céline. También se dejaron ver varias personalidades conocidas, como Julie Snyder y sus hijos, Jean Lapointe, Charles Lafortune y Sophie Prégent, Sonia Benezra, el alcalde de Montreal, Denis Coderre y la ministra de Cultura y Comunicaciones de Quebec, Hélène David.


EL CORAJE DE CÉLINE

Medios del mundo entero también se reunieron para ser testigos del evento, desde Paris Match hasta People, pasando por Las Vegas Sun y Radio France Internacionale. Los periodistas fueron conducidos hasta un salón de medios, cerca de la entrada de la basílica donde tuvo lugar la capilla ardiente. La consigna fue clara: nada de cámaras, nada de micros y prohibido sacar el teléfono móvil. 

Al entrar nos dieron un sobre con una foto estupenda de René Angélil y, en el reverso, unas palabras de Céline extraídas de la biografía de la cantante escrita por Georges-Hébert Germain, Ma vie, mon rêve: "Entendí que mi carrera era en cierto modo su obra maestra, su canción, su sinfonía. La idea de dejarla inacabada le habría hecho mucho daño. Entendí que, si alguna vez nos dejaba, tendría que continuar sin él, por él."

Después, sorpresa: los periodistas recibimos autorización para acercarnos a Céline y presentarle nuestras condolencias. Avancé hacia ella, extendió sus manos hacia mí y las tomé con las mías. Le dije, quizás algo inseguro: "Mi más sentido pésame. Permíteme que te diga cuánto nos has emocionado a todos con tu coraje y todo el amor que has manifestado por tu marido a lo largo de los últimos meses." Sus ojos se llenaron de lágrimas. Me dijo lo agradecida que estaba por mis palabras y sentí una gran emoción, una conexión. Yo también empecé a notar que las lágrimas querían salir.

En la iglesia unas cien personas, admitidas en grupos de diez, esperaban su turno para hablar con Céline, su hijo René-Charles y los hijos de René, Jean-Pierre y Patrick. La hija del representante, Anne-Marie, y su marido, Marc Dupré, también estaban con Céline. Fue emocionante ver lo diversa que era la multitud. Allí había personas de todas las edades, de todos los orígenes y de todos los ámbitos. Desde una mujer mayor, que necesitó ayuda, a una madre joven con su bebé de unas semanas, lo que hizo sonreír a la emocionada Céline. Todos parecían sinceros y profundamente tristes por su duelo, algunos incluso quisieron transmitirle todo su amor en este momento difícil.

Cuando salí de la iglesia sobre las 16:00, aún había unas 200 personas esperando al frío, señal inequívoca del gran afecto que el público le tiene a la cantante, de su deseo de vivir con ella esta tristeza igual que la acompañaron en sus momentos de fama y felicidad. Aunque la artista sólo iba a estar un rato, gracias a su generosidad habitual acabó recibiendo a todas las personas llegadas para transmitirle su cariño. Finalmente acabó abandonando la basílica muy tarde.


UNA EMOTIVA OLA DE AMOR

El funeral nacional de René Angélil fue grandioso y solemne. Fue como si todo Quebec hubiese asistido para vivir un momento único. El decorado espectacular de la basílica Notre-Dame estuvo a la altura del evento.


ÚLTIMO ADIÓS A RENÉ

Desde las 14:00 empezó a circular gente por la entrada de la basílica Notre-Dame. En todos y cada uno de los bancos figuraba un programa y una bolsita con pañuelos. Un pequeño detalle para los medios internacionales.

Acudieron personalidades de todos los ámbitos. Entre los asistentes se encontraban Philippe Couillard, Pierre Karl Péladeau, Denis Coderre, Régis Labeaume, Jean Charest, Brian Mulroney, Luc Plamondon, Guy A. Lepage, Éric Lapointe y Jean-Pierre Ferland, por nombrar sólo algunos.

Un poco más tarde de las 15:00, Céline Dion entró en la basílica de la mano de sus gemelos Eddy y Nelson, ambos llevaban sombreros negros, seguidos de su hermano mayor René-Charles y de la madre de Céline, Thérèse. Ante ellos caminaba uno de los sobrinos de Céline, Jimmy, hijo de su hermano Jacques, paralítico a causa de un accidente de esquí en 2004.

El joven de 25 años avanzó en silla de ruedas para colocar sobre el féretro un cojín, en el que descansaban las alianzas de Céline y René. Veintiún años antes, entre esas mismas paredes, el mismo Jimmy había llevado ese cojín durante la boda de la pareja más querida por el público.

A continuación, Céline se acercó para colocar lirios negros, un delicado símbolo de su duelo.

La ceremonia fue dirigida por Su Excelencia Monseñor Christian Lépine, arzobispo de Montreal, que habló en francés y en inglés, y Su Eminencia Monseñor Ibrahim M. Ibrahim, párroco de la Iglesia greco-melquita católica de Canadá, a la que pertenece la familia de René, originaria de Siria. Los asistió el cura de la basílica, Miguel Castellanos.

Una vez terminada la canción Trois heures vingt, que comenzó exactamente a las 15:20, y en cuanto el arzobispo hubo pronunciado un breve discurso de bienvenida, uno de los hijos de René, Patrick, tomó la palabra. Su discurso estuvo teñido de cierto toque de humor, con referencias a los consejos de black-jack que su padre le había dado desde la infancia, y de emoción con las palabras: "Papá, descansa en paz. Te damos las gracias por el amor que supiste darnos. Como siempre decías: 'Todo irá bien'. Te queremos, papá."


A continuación le tocó a René-Charles, que subió valerosamente al altar para rendir homenaje a su famoso padre, en francés y en inglés. Recordó los buenos momentos que vivió con él y su pasión común por el golf, el póker... y la carne ahumada. También prometió que transmitirá a sus hermanos pequeños lo que su padre le había enseñado, y terminó diciendo emocionado: "Te quiero, papá".

Entre los momentos más destacados de la ceremonia debemos mencionar la intervención de Su Eminencia Monseñor Ibrahim M. Ibrahim, que tras un breve canto en árabe, cantó en francés un extracto del Evangelio según San Juan.

En varios momentos pudimos escuchar en la iglesia cantos religiosos interpretados por Les Petits Chanteurs du Mont-Royal, la coral de la basílica Notre-Dame de Montreal, el organista titular Pierre Grandmaison y la salmista Caroline Bleau.

Tras la comunión y una breve plegaria del arzobispo, L'amour existe encore llenó el aire ya cargado de emoción mientras todos volvían a sus asientos. A continuación llegó el momento del último adiós: tras una oración se esparció incienso alrededor del féretro, que fue entonces salpicado con agua bendita. Céline se acercó para recuperar las alianzas sobre el cojín que descansaba encima del féretro. Este fue entonces elevado y llevado hacia la salida de la catedral entre otros por el hijo de René, Patrick, Jean-Pierre y René-Charles, así como por el hermano del representante, André.

Mientras sonaban los aplausos y la canción Pour que tu m'aimes encore, el cortejo que conformaban Céline, su familia y la de René cruzó lentamente el templo de culto hacia la salida. En el exterior esperaba la multitud. Incluso los vecinos de la zona lo observaban todo desde sus ventanas. El féretro se detuvo en el exterior. Céline y sus hijos se acercaron a él una última vez antes de entrar en limusinas para abrir el cortejo fúnebre.












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1 comentarios

  1. Gracias por amar a MJ y ser tan sincera y fiel. Siempre te he admirado y ahora mucho mas

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