Gala | 27.01.2016
agosto 03, 2011El gran publico nunca había oído su voz. Descubrió la de un hombre en el interior de la basílica Notre-Dame de Montreal. A la llegada del clan Dion ante el edificio, fue el primero en salir del coche familiar. Con un gesto seguro, René-Charles Angélil ayudó a su abuela, Thérèse Dion, de ochenta y ocho años, a bajar del coche mientras que su madre, Céline, y sus hermanos pequeños Eddy y Nelson, avanzaban a su vez delante de ellos. La cantante, ataviada con un velo negro transparente, se sentó en primera fila en la iglesia sin soltar la mano de su hijo mayor. No tanto para darle valor como fuerza.
Tras el discurso de Patrick (hijo mayor de René), le tocó el turno al adolescente, que no tembló lo más mínimo, de rendirle homenaje a su padre. Habló con voz clara. Dio las gracias a los presentes pero también "a todos los que comparten nuestro dolor por todo el mundo." Reconoció: "Quince años no son muchos para que un hijo conozca a su padre." Antes de recordar su pasión común por el golf, el hockey, el póker... y la carne ahumada. René Angélil es un modelo difícil de superar. Sin embargo, el viernes 22 de enero, tres días después de celebrar su quince cumpleaños, René-Charles ya había conseguido cumplir ese objetivo ante amigos y anónimos: "Papá, te prometo que todos nosotros viviremos a la altura de tus expectativas." Increíblemente maduro, también les comunicó a sus hermanos pequeños de cinco años todo lo que ha aprendido de René.
En varias ocasiones, ya fuese estando en pie o sentada a su derecha, Céline miró hacia él. Como si estuviese descubriendo a un hombre. Lo bastante fuerte para cargar con el féretro de su padre, en compañía de sus medio-hermanos Patrick y Jean-Pierre Angélil, y de su tío André Angélil, a la salida de Notre-Dame.
"Visionario", como lo define su hijo mayor Patrick, René Angélil pudo haberlo presentido. En la misma basílica, el día anterior, su féretro estuvo expuesto a todos aquellos que quisieran darle el último adiós, según autorizan los rituales funerarios de la iglesia católica a la que él era fiel. Vestido con traje negro y camisa blanca, René, con sus famosas gafas oscuras, tenía esa expresión serena y casi sonriente de los faraones del antiguo Egipto.
El joven quería permanecer al lado de Céline todo el día, pero sin duda no estaba listo para algo tan intenso. Incapaz de recibir tantas condolencias, René-Charles salió de la basílica por una puerta trasera tras despedirse del féretro de su padre. Dejó así a su madre, que disimulaba su agotamiento tras un velo, con un maratón de más de siete horas. El joven subió a un impresionante 4x4 con cristales tintados y volvió con Eddy y Nelson, que no acudieron a la ceremonia de la capilla ardiente.
Incansable con sus zapatos de tacón, Céline, rodeada de Patrick y Jean-Pierre Angélil, supo encontrar las palabras que su hijo no pudo para darle las gracias a todos y cada uno de los asistentes. De fondo sonaban instrumentales de Scott Price, su nuevo director musical.
En el pequeño programa entregado a todos los asistentes se mostraba una foto de René y unas palabras sencillas pero emotivas de la artista: "Entendí que mi carrera era en cierto modo su obra maestra, su canción, su propia sinfonía. La idea de dejarla inacabada le habría hecho muchísimo daño. Entendí que, si en algún momento nos dejaba, tendría que continuar sin él, por él." Una cita extraída de la biografía Ma vie, mon rêve que le dedicó el autor Georges-Hébert Germain en 2001 (fallecido en noviembre de 2015 por culpa de un cáncer, era el marido de su jefa de prensa, la fiel Francine Chaloult, también encargada de coordinar este último adiós a René).
Cuando nos llegó el turno de darle el pésame, le aseguramos que toda Francia está pensando en ella en estos momentos difíciles. Nos dio las gracias y, con voz pausada, continuó: "Nosotros también pensamos mucho en Francia cuando pasaron los atentados del 13 de noviembre. Estamos con vosotros. Muy pronto iré a visitaros."
Céline y René-Charles son inseparables. Antes de morir René, ya les comentaba a sus allegados que el joven la acompaña al estudio para grabar sus próximos álbumes. Como hacía su marido. Su "bebé milagro", como lo llamaba ella, se ha convertido en su ángel de la guarda.
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