Paris Match | 17.01.2016
agosto 04, 2011Un amor eterno
Durante treinta y cinco años, la cantante y su mentor estuvieron juntos hasta que la muerte los separó.
Él la convirtió en la diva del pop. A sus 47 años, Céline Dion tiene una de las carreras más longevas de la industria de la música. Cuando René Angélil la descubrió, sólo tenía 12 años. La más joven de un clan de 14 hermanos cuya mayor riqueza era la música. "El talento es importante, pero el 99.9% de las veces René es el causante de todo", nos decía ella sobre sus 230 millones de discos vendidos. "Entendí que mi carrera era su obra maestra, su sinfonía." La intensidad de su amor será siempre el mayor logro de la pareja. Compartieron sus buenos y malos momentos con el público. Hoy, Céline tiene que afrontar la vida sola. Dos días después de la muerte de René, su hermano Daniel de 59 años también perdió su lucha contra un cancer de garganta.
ÉL ES REPRESENTANTE.
ELLA, UNA ADOLESCENTE.
ÉL SE ENAMORA DE SU VOZ.
La historia de la pareja nace de un encuentro improbable. Céline comenzó en la música en 1973 durante la boda de su hermano Michel: tenía 5 años. René Angélil era entonces el exitoso manager de un icono de la música de Quebec, Ginette Reno, con la que dejaría de trabajar algunos años más tarde. Cuando recibió por correo un casete de Céline en 1981, entendió que era la oportunidad de su vida. "Céline tiene un timbre angelical, pero lo que también me impactó ", decía él, "fue su mirada." Decidió dedicarse exclusivamente a aquel diamante en bruto y hacerlo brillar por todo el mundo. Pero el primer beso no llegaría hasta la noche de su victoria en Eurovisión en 1988: Céline tenía 20 años.
SOLA ANTE 64.000 PERSONAS, ELLA SABE QUE ÉL ESTÁ CERCA, ENTRE BASTIDORES
Atrás quedó el tiempo en que René Angélil tenía que convencer al mundo de que su protegida era la mejor. En unos años, este manager fuera de lo común convirtió a Céline en una estrella mundial. Toda la admiración que sentía por ella no le impedía hacerla trabajar: en 1989 la artista aprendió inglés en tres meses para empezar su carrera en el extranjero: su álbumes Falling Into You (1996) y Let's Talk About Love (1997), que contiene la canción de Titanic, vendieron más de 30 millones de ejemplares en treinta meses. Las recompensas empezaron a llover. De París a Las Vegas, la diva del pop actúa en todo el mundo. "Sé que todo se puede acabar un día", decía René. "Pero eso no nos asusta." El habitual de los casinos apostó siempre por Céline ¡Una apuesta segura!
VOLVIERON A CASARSE EN LAS VEGAS PARA ATRAER LA SUERTE TRAS EL PRIMER CÁNCER DE RENÉ
Primero de blanco, después de dorado... Las dos veces le ofreció sus votos matrimoniales. Su René, ese René al que Céline empezó amando en secreto. "Era tan elegante, tan misterioso. Por la noche cubría su foto de besos." Cuando su madre descubrió la relación, le mandó una cargada de ira al manager que había "traicionado su confianza". Ella soñaba con un príncipe para su pequeña, no con un hombre que ya había estado casado dos veces y que ya era padre de tres hijos. Acabaría aprobando la relación, que culminaría con una espectacular boda en la basílica Notre-Dame de Montreal en 1994. Cinco años después, el destino les dio un duro golpe. El 30 de marzo, día del cumpleaños de Céline, René es hospitalizado por un tumor en la garganta. La pareja celebró la recuperación del manager renovando sus votos. Empezaba la auténtica vida.
"Los viajes en avión son un momento de desconexión para bajar la tensión de después de los conciertos", explicaba ella. Antes, durante, después: René estaba siempre a su lado, velando por el más mínimo detalle. El año de su boda lanzaron el single The Power of Love, el poder del amor... Más que una canción, toda una declaración de intenciones. La pareja va de éxito en éxito. El manager incluso llevó a su campeona a los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, donde cantó ante más de tres mil millones de telespectadores. Pero su trabajo, como él decía, era ante todo hacerla feliz. Y lo era. "René es un hombre estupendo, divertido y generoso. Me hace sentir increíble."
SU MAYOR VICTORIA: SUS TRES HIJOS
Desde bebés, los trataron como pequeños milagros. Para ellos, la felicidad de ser padres fue toda una victoria. En 1999, cuando Céline anunció que quería tener un bebé, a René le diagnosticaron el cáncer. Tuvieron que recurrir a la ciencia y al amor para que la artista se quedase embarazada, gracias a la fecundación in vitro. René-Charles nació en 20011, y los gemelos Eddy y Nelson en 2010. René declaraba entonces: "Los niños son lo más importante para Céline. Ahora sé que, incluso cuando yo ya no esté, que espero que sea dentro de mucho tiempo, ella será feliz."
CÉLINE LO TOMÓ DE LA MANO CUANDO LA ENFERMEDAD ENTRÓ EN SUS VIDAS
Él fue su centro de gravedad durante treinta y cinco años. De la noche a la mañana, cayó a lo más bajo. René recayó en diciembre de 2013. De nuevo víctima de un cáncer de garganta, tuvo que ser operado de urgencia. Al reunir a todo su entorno alrededor de René, Céline se convirtió en el pilar de la familia: una lucha contra la desesperación. La artista convertida en enfermera alimentaba a su marido, que ya no podía comer por sí solo. En Las Vegas, transformó su casa en hospital y orquestó un paseo incesante de médicos, de terapeutas y de especialistas. Ya muy debilitado, René dejó de ser su manager, pero siguió a su lado como siempre. En marzo de 2015, antes de retomar sus conciertos, la cantante anunció a sus fans que "Tenemos el ticket para continuar, para seguir adelante, ¡y espero que vengáis a celebrar la vida con nosotros!"
AL FINAL DEL VERANO, LA CANTANTE COMPARTIÓ SU DOLOR CON SU PÚBLICO
Sus fans nunca la habían visto así: Céline rompía a llorar durante el programa "Good Morning America" al hablar de la larga lucha de René contra el cáncer. Al final de la entrevista su marido, muy emocionado, le dio un cálido abrazo. Aquella fue su última aparición pública. El 27 de agosto, sobre el escenario del Coliseo construido para ella, Céline entonaba las primeras notas de la canción The Show Must Go On ante una foto de René. Él la había animado a volver al escenario: "Eres mi cantante favorita, te quiero fuerte." Por lo tanto, el espectáculo debe continuar para Céline, en memoria de su más fiel apoyo.
En cuatro fechas clave, la historia de un jugador que ganó su apuesta y escribió un cuento de hadas
PARA LANZAR EL PRIMER ÁLBUM DE CÉLINE, RENÉ HIPOTECÓ SU CASA
Febrero 1981
EL ENCUENTRO
René estaba a punto de cumplir 40 años, y Céline aún no tenía 13. Ella era la pequeña Mozart de la familia Dion. No actuaba en palacios sino sobre la mesa de su cocina con una cuchara por micrófono. Su padre, Adhémar, antiguo inspector de prisiones, tocaba el acordeón; su madre, Thérèse, era violinista. Los 13 hermanos y hermanas tocaban la guitarra, la batería, el teclado, cantaban... Todos sabían que Céline tenía "La voix du bon Dieu" (La voz de Dios). Era la atracción del Vieux Baril, en Repentigny, el bar que el padre había comprado junto al río Saint-Laurent. Los clientes podían pedirle lo que quisieran. Ella conocía todas las canciones. Las únicas que no la entendían eran sus profesoras. Céline estaba en el comienzo de su vida. René en la mitad de la suya, y estaba convencido de haberlo perdido todo. Porque Ginette Reno, la artista con la que él trabajaba, acababa de despedirlo. No quería más vida personal caótica. Se divorció de su primera esposa y posteriormente se casó con Anne Renée, una guapísima mujer rubia que le dio un segundo hijo y pronto le daría una hija. Aunque era buen estudiante, prefirió montar un grupo: Los Baronets. Después de aquello, René, que siempre decía "En política, el secreto no es que te elijan sino tener el control..." decidió vivir en las sombras. Sin embargo, en aquel momento decidió retomar sus estudios para ser abogado. René era un jugador, una característica tal vez debida a sus orígenes sirios. Se convirtió en todo un filósofo: los malos momentos, igual que los buenos, llegan por rachas. En los buenos hace falta astucia; en los otros, paciencia. René se encontraba en un mal momento, así que no veía motivos para abrir aquel sobre decorado con un lazo rojo que contenía el casete. Hasta que recibió la llamada de Michel Dion, un cantante lleno de seguridad: "Sé que no ha escuchado usted la grabación porque de lo contrario tendríamos noticias suyas." Sorprendido, René respondió: "¿Quién es?" y Michel "Mi hermana, tiene 12 años." A aquellas palabras, el manager dijo: "Ah, otra cantante joven...". "¡Sí, pero ella es distinta!" La cinta contenía tres canciones, dos de ellas escritas por su madre. No tardó más de nueve minutos. En ese tiempo, René llamó a Michel: "¿Puede venir tu hermana?" "¿Cuándo?" "Enseguida." René descubrió a una adolescente tímida, con problemas dentales y una nariz demasiado grande, pero unos ojos enormes que le hacían olvidarse de todo lo demás. ¿Y la voz? ¿De dónde la sacaba? Como en el blackjack, René lo apostó todo por ella: "Suele pasar que sólo me quedan dos ó tres bazas y, en la última partida, gano mil dólares," explicaba él. Siete meses después salía La voix du Bon Dieu, primer álbum de Céline Dion, de 13 años. René Angélil hipotecó su casa para financiarlo. Le ofreció un ramo de flores a la mamá, y le pidió cinco años para convertir a Céline en una estrella mundial.
30 abril 1988
EL PRIMER BESO EN DUBLÍN
Céline representó a Suiza en Eurovisión. René apostó 400 dólares por su victoria. Gracias a Dios, la cantante había crecido 20 centímetros, pero salía a su padre, Adhémar; seguía siendo delgada. Seguía teniendo el cabello rizo, pero sus problemas dentales ya se habían arreglado con una ortodoncia. Había aprendido inglés. René decía que era indispensable para una carrera internacional.
Desde el principio la acompañó a todas partes, incluso a sus primeras actuaciones en centros comerciales. El primer invierno, la cantante le compensó con creces el haber hipotecado su casa. Prefirió seguir apostando: "No hay que bajar la guardia en el momento en que la cosa se pone bien" era su expresión favorita. Su primera asociación se llamó Productions TBS, la cosa se ponía seria. Céline, que ya tenía 14 años, adoraba Flashdance, que escuchaba en bucle. Se sabía los diálogos de memoria, sobre todo cuando la bailarina dice "Si renuncias a tu sueño, te mueres". René se reunió con el director del colegio. Le pidió que eximiera a Céline de los estudios. Ella sentía vergüenza de sus terribles notas, pero René le decía: "Tú canta y yo me encargo de lo demás." El representante se permitió el lujo de rechazar una gira de 250.000 dólares. Seguía exigiendo lo más caro, coristas, músicos, fotógrafos. Lo más alto. Repetía tranquilamente: "¡Céline Dion será la cantante más grande del mundo!"
A sus 16 años, Céline actuó en el Olympia durante un mes como telonera de Patrick Sébastien, cantó para el Papa e incluso ordeñó sus vacas en Castel Gandolfo. En Francia, en Suiza, en Belgica, en Quebec, ya ha vendido mas de 1 millón de discos. Y empieza a rugir. Estamos en 1985, él mira a otro lado. En el escenario hay un hueco sin luz, ella sólo tiene ojos para él pero él no quiere darse cuenta. "Estaba en la luna," se justificaba. "¿En la luna mientras yo canto?" ¡Qué atrevimiento! "Estaba demasiado atento a tu voz." rectificaba él. Céline no sabía muy bien qué esperar. En febrero, la mujer de René lo abandona. En octubre vuelve, para anunciarle que se ha enamorado de otro y que quiere el divorcio. Por su parte, Céline trabaja en su metamorfosis. Él sólo piensa en la nueva etapa marcada por la llegada de Luc Plamondon, al que convence para escribir Incognito. Cuando compara a Céline con Barbra Streisand y Piaf, nadie se ríe. Todo un Napoleón...
Eurovisión reúne a 600 millones de telespectadores. Julio Iglesias, Nana Mouskouri, France Gall pasaron por el concurso. Céline gana por un solo punto a su rival británico, Scott Fitzgerald, de Glasgow...
Como en cada triunfo, rompe a llorar y vuelve emocionada a su habitación. El lugar donde, cuando están de gira, él analiza la noche y le da un beso de buenas noches. Esta vez no se atreve. Entonces, ella le dice: "No me has besado, René Angélil." "Pasó como en las películas," recordaba él. "El corazón no tiene edad." Finalmente acaba abandonando la habitación, ella le llama por teléfono: "Si no vienes, llamaré a tu puerta." Nada volvería a ser igual entre Céline y René, pero a la vez todo seguiría siendo idéntico. A quienes le preguntan si tiene proyectos personales, él les responde: "Mi carrera es Céline. Con ella estoy cumpliendo el sueño de mi vida ¡No te cambiaría mi posición ni aunque me dieras 10 millones de dólares!" Guardan el secreto durante cinco años. "Ella quería gritarlo a los cuatro vientos. Yo le decía que esperase." Por su parte, ella decía públicamente: "No tengo tiempo para el amor. Me dedico completamente a mi carrera."
17 diciembre 1994
LA BODA
Cuando le hablan de diferencia de edad, Céline responde: "No hay aritmética en el amor. Amo a mi marido más de lo que se puede llegar a imaginar..." La leyenda dice que él le pidió matrimonio el 30 de marzo de 1993, día del 25 cumpleaños de la cantante. La ceremonia se emitió en la televisión canadiense. Una boda de reina, digna de Gracia o de Diana, que costó medio millón de dólares. Sus ocho hermanas fueron las damas de honor. Su tiara de perlas, su vestido de marquesa y su velo de 20 kilos le iban como anillo al dedo. Tras su luna de miel en Florida, Céline declaraba: "Fue increíble, estuve cocinando, lavando los platos, probando recetas, limpiando, comiendo, de tiendas..." Un sueño hecho realidad para alguien que llevaba viajando de hotel en hotel desde los 12 años, y sólo viendo aeropuertos, y salas de conciertos tan grandes como estadios.
Ella dice: "Quiero tener un hijo, tal vez incluso gemelos... para recuperar el tiempo perdido. No los acostaré a las cuatro de la mañana, pero me los llevaré conmigo todos los días. Nunca los dejaré solos en casa. Si hiciera falta, dejaría de cantar por mis hijos." Pero el niño no llega. Hasta el punto de que Céline se plantea descansar. La vida no le dará ni un respiro. Los médicos diagnostican un tumor minúsculo en el cuello de René, el beso de la muerte. El primer cáncer. Ya no tienen opción. Frente a esta guerra que se acerca, Céline reúne la determinación y la mente fría de un general. Ella vive, ama y sufre a lo grande, lo comparte todo con sus fans: "Cuando llegó el momento de someterse a los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, hicimos todo lo necesario." Es decir, congelaron muestras de esperma. Así comenzó la aventura, en una nueva puesta en escena bastante especial. Para poner la suerte de su lado, Céline y René vuelven a casarse el 5 de enero de 2000. Una relectura del rito tradicional sirio, según el Caesar's Palace de Las Vegas. Después, vuelven a los laboratorios y las probetas. La intervención de tecnología punta cuesta 14.000 dólares. La dirige el Dr. Rosenwaks, uno de los mejores especialistas del mundo. Céline, que había querido una boda de cuento de hadas, se sometió a lo contrario del romanticismo, la fecundación in vitro.
Habló de todo tranquilamente. Del pinchazo diario de hormonas, de las muestras de sangre, de las ecografías de control. René, igual que la había esperado al salir del escenario para ponerle una toalla sobre los hombros, o para masajearle los pies en el avión, la acompaña a los tratamientos. El 25 de mayo, Rosenwaks extrae 18 óvulos. El 28 de mayo, le implanta los óvulos fecundados. El 8 de junio le anuncia: "Felicidades, estás embarazada." La felicidad se mide en estadísticas. Tenía un 90% de posibilidades de que el embarazo saliese bien. Así que nada de deportes, nada de golf, nada de viajes, nada de estrés. "Empecé una especie de letargo... Ni siquiera escuchaba música." Y tardes enteras viendo la televisión. Por fin, René-Charles nació el 25 de enero de 2001. El rey y la reina compraron entonces una propiedad de 7 millones de euros en una isla del Saint-Laurent. Fin de la vida nómada, hora de instalarse en Las Vegas, el paraíso de René. En 2003 firman con Caesar's Palace un contrato sin precedentes: ¡100 millones de dólares más el 50% de los beneficios para actuar cinco noches por semana! Se construye para Céline una sala gigantesca, el Colosseum, con entradas vendidas por entre 200 y 1.000 dólares. Pero cada seis semanas, la cantante se toma quince días libres. Aprovecha una pausa para volver a Nueva York: "Allí nos espera un embrión congelado. Mi público lo sabe todo de mí." Tal cual lo hubiese dicho Luís XIV. Nelson y Eddy, los gemelos, nacieron el 23 de octubre de 2010.
17 diciembre 2013
EMPIEZA UNA NUEVA GUERRA
Era el día de su decimonoveno aniversario de bodas. Céline se preparaba para actuar en The Voice, en Los Ángeles. "Entré al camerino y vi a René devastado. Su médico acababa de anunciarle que volvía a tener cáncer de garganta. Sentí el corazón latiendo a toda velocidad y que las rodillas me temblaban. Pero no era momento de mostrar debilidad. Había que pensar en otra cosa. Me refugié en mi sala de maquillaje y me subí al escenario. Aquella noche, en la habitación, mi cuerpo empezó a procesar la noticia." El 23 de diciembre, René se sometió a una extracción parcial de la lengua. Estaba entubado. Dos ó tres veces al día, Céline le daba de comer. La quimio lo dejó prácticamente sordo. Pero seguía trabajando. Acompañaba a René-Charles al baloncesto, recuperó su lugar en las mesas de póker. Y puso sus asuntos en orden. Vendieron por 50 millones de euros su palacio de Jupiter Island, en Florida, cuyo mantenimiento costaba 250.400 dólares. El castillo de Isla Gagnon, en Quebec, por 23 millones. Y sobre todo, anunció que ya no podía llevar la carrera de Céline, Aldo Giampaolo le sustituiría. El rey René había abdicado.
Y Céline guardó silencio. Se instalaron en Henderson, cerca de las afueras chic de Las Vegas, junto a un lago artificial en medio del desierto. Un lugar que empezó a detestar porque, en verano, los niños ni siquiera podían salir en bici. "Se podría freír un huevo en el asfalto." Pero ella seguía con sus conciertos mientras cuidaba de René. La vida continuaba, tras las cancelaciones y los comunicados sorpresa: "Espero que vengáis a celebrar la vida con nosotros", decía ella el 24 de marzo de 2015 sobre su regreso al escenario tras una ausencia de un año. Pero al día siguiente, se rompió frente a la periodista de ABC. Tan profesional como siempre, fue capaz de derramar sus lágrimas sin estropearse el maquillaje. René está al otro lado de la cámara, entregado pero muy delgado, débil, casi con la mirada perdida. La cantante le dice a Jennifer García de la revista People: "No sabemos qué nos depara el futuro. Aprovechamos la vida todo lo que podemos. El 27 de agosto, cuando retome mi espectáculo, allí estará él."
El miércoles, Céline cantó en el Colosseum Over The Rainbow, canción que le recuerda a la época en que ella era "su" Judy Garland, la niña prodigio. René esperó a que volviese a casa para morir, la madrugada del jueves 14 de enero. René se había ganado el derecho a descansar, ya no tenía que convencer al mundo de que Céline era la mejor. Ya no volverá a ponerle la toalla sobre los hombros, pero le dejó su lección de jugador de blackjack a la que repitió hasta la saciedad "Nada de esto habría sido posible sin René": "En la vida, vamos por rachas. No puedes ganar siempre, pero tampoco puedes tener siempre manos perdedoras... Así es como funciona."
RENÉ ERA UN HOMBRE DE CORAZÓN Y DE UNA MODESTIA SIN IGUAL. NUNCA LE VI COMO UN PRODUCTOR CON AIRES DE GRANDEZA.
POR MICHEL DRUCKER
Un día, René me dijo que si yo tuviese algún problema familiar, de salud o profesional, no dudase en llamarle. Hablaba tan bajo que había que prestar el doble de atención para escucharle. René nunca olvidó que hace treinta años en Champs-Elysées presenté a una niña que no se atrevía a sonreír y que cantaba D'amour ou d'amitié. Dije: "Recuerden bien este nombre, Céline Dion. D.I.O.N. Oirán hablar de ella." En 1996, cuando Céline fue seleccionada para cantar en la inauguración de los Juegos de Atlanta, antes que Jessye Norman, Barbra Streisand y Whitney Houston, le mandé un mensaje: "Querido René, estoy sin palabras ¡Menudo camino habéis recorrido! Estoy tan orgulloso de vosotros dos que comparto vuestra felicidad ¡Por fin habéis conquistado el mundo! ¿Os apetece pasar por Champs-Elysées para celebrar el Fin de Año?" El mundo entero lo llamaba pero no siempre podía encontrar tiempo para responder a todas las demandas. Sin embargo, encontró la forma de venir a París con Céline para que interpretase cinco canciones en el programa. Fiel a los amigos, agradecido. René era un hombre de corazón y de una modestia sin igual. Nunca le vi como un productor con aires de grandeza. Varias veces. estando de vacaciones, fui a visitarlos a su casa en Florida, y también en sus otras propiedades. Siempre venía a buscarme al aeropuerto. En Navidad, cuando me invitaron a su castillo a las afueras de Montreal, tenían regalos para mi familia y para mí. René quería que yo presentase un talk-show en la televisión de Quebec, y hasta que tuviese doble nacionalidad. En ese sentido, hace dos años me llamó en plena noche y me puso en contacto con Julie Snyder. Produjimos L'été indien, con invitados como Bruel, Mika, Cabrel, Stromae y varios artistas canadienses como Xavier Dolan. Sus ganas de ser padres a pesar de la edad de René también me hacían sentir admiración por ellos. Recuerdo a René-Charles, tendría unos diez años. Fue en el hotel Georges-V, a la hora de cenar. Mientras esperábamos al servicio de habitaciones, jugaba entre los muebles. Su padre me dijo entre risas: "Quiere entrar en la NBA, pero los jugadores de baloncesto no suelen entrenar en la suite de un palacio ¡No es el mejor campo de juego!"
Sé que Céline va a continuar. Es creyente, pensará en René, verá su foto antes de subir al escenario. Alzará la cabeza al cielo y le dirá: "No te preocupes, vamos a por ello."
VÉRONIC DICAIRE
"RENÉ HABLABA BAJO, COMO CONFESÁNDOSE. LE ESCUCHÁBAMOS RELIGIOSAMENTE"
"Un día, en el restaurante más chic de Las Vegas, René invitó a mi marido, con quien coprodujo mi espectáculo, y a su equipo de seis ó siete personas. El director del hotel presentó la carta; René la cogió y dijo: "Sírvanos todos los platos." Siempre todo a lo grande, siempre compartiendo. Lo conocí gracias a su yerno, que buscaba un telonero para la gira "Taking Chances" de Céline. Y allí estaba yo, el 15 de agosto de 2008 en Montreal, en un recinto para 25.000 personas. Cuando salí del escenario, me felicitó mientras yo recuperaba el aliento. René hablaba en bajo, y eso le daba un lado casi religioso a nuestras conversaciones. Se convirtió en mi productor, entré en la gran familia Angélil-Dion. Desde entonces, da igual dónde esté en el mundo, René siempre viene a mis estrenos. En París, en el teatro de la Gaîté-Montparnasse, se las arregló para hacer que la salida de un libro sobre Céline coincidiese con mi espectáculo. En Las Vegas asistió a los ensayos, siempre en la consola de sonido ¿Sería porque la acústica era mejor en ese punto? Normalmente siempre nos animaba, nos daba cumplidos. René era el rey de Las Vegas. Él negoció mi espectáculo de imitaciones, un ámbito que los americanos no dominan mucho. Acompañado por Rémon, mi marido, tuvo una reunión con los jefes del Caesar's Palace. Es extremadamente inusual traer a desconocidos a América. Al cabo de una hora de discusiones, les hicieron una oferta. René se giró entonces hacia mi marido y le preguntó: "¿Estás de acuerdo?" Al actuar así, le posicionó entre los mayores negociantes de Las Vegas. Así era René, un hombre generoso, elegante, justo. Pero cuando le apetecía jugar al golf, había que jugar sí o sí. Venía con su hijo y llevaba sistemáticamente la cuenta de los puntos. Estaba orgulloso, porque René-Charles solía ganar."
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