Revista M | Noviembre 1983

noviembre 28, 2011



En casa de los Dion
RESPETAMOS LA TRADICIÓN

Ver una gran familia es algo que impresiona a día de hoy, sobre todo cuando se trata del clan Dion. Difícilmente se puede encontrar a una familia más unida que la de la joven cantante... y las reuniones navideñas dan fe de ello.

Cuando pensamos en las inevitables reuniones familiares de Navidad y Año Nuevo, siempre nos preocupamos por juntarnos con los nuestros, ponerles la mejor comida y hacerles reír sin ofender a nadie para que todos vuelvan a casa con un buen recuerdo, el estómago y el corazón llenos. En cuanto a la señora Dion, la mamá de Céline, cada año recibe a unas 40 ó 45 personas, incluyendo a sus 14 hijos, sus parejas, los padres de estas, además de varios tíos y tías, que se sienten de maravilla en su casa. "Cada año mis hijas mayores me dicen: 'No puede ser, mamá. Déjanos ayudarte por una vez.' Pero es inútil: mientras tenga salud, será para mí un orgullo hacer yo misma la cena de Navidad. Pero las cosas no siempre han sido fáciles: hasta que empecé a ocuparme de la carrera de Céline, trabajaba en una tienda como muchas mujeres y, por lo tanto, me pasaba en el trabajo hasta las cinco de la tarde la víspera de Navidad. El éxito de la cena dependía entonces básicamente de mi capacidad de organizarme."


¿Qué hacías para conseguirlo?

Digamos que no tenemos muchas tiendas cerca de casa, así que mi menú de Navidad no varía mucho de un año para otro. Sé que a mi familia le gusta, así que sólo nos damos ese gran homenaje una vez al año. Aún así, preparo una gran variedad de platos: pasteles, chicharrones, guiso de carne, pavo y unas cuantas ensaladas. Por un lado para satisfacerlos a todos y por otro porque sería imposible preparar un plato único en tanta cantidad en una cocina normal.

Una semana antes, empiezo a preparar la masa de los pasteles y a hacer los chicharrones, que se conservan muy bien en la nevera. Dos días antes, preparo la carne (la deshueso y la corto en dados) para el guiso, y lo demás al día siguiente; o sea, la víspera de Navidad. Ese día le doy el último toque al guiso, la tarta de piña y preparo las verduras, aperitivos y ensaladas. La misma noche meto el pavo en el horno y monto la mesa.


Oyéndote hablar, haces que suene fácil pero tienes que acabar agotada incluso antes de empezar a celebrar.

No, porque mis hijas llegan a casa sobre las 10:30 y corren a ayudarme. Como por lo general tengo que preparar tres mesas de adultos, corren de la cocina al comedor mientras yo me quedo entre fogones para seguir cocinando. En realidad, lo que me evita el cansancio es el hecho de que Navidad y el Día de Reyes, la euforia se reparte entre todos ¡Recuerdo un año en que la celebración de Fin de Año duró hasta las cuatro de la tarde del día siguiente! Dormimos como 2 ó 3 horas porque, obviamente, teníamos cena en casa de otro familiar.

Siempre ha habido abundancia de comida en época de Navidad en nuestra familia. Con 14 hijos, ya te puedes imaginar que no teníamos los recursos para hacerles grandes regalos de Navidad. Por eso me pasaba tantas horas cocinando una comida que, aunque era relativamente económica, no tenía más que una buena dosis de amor y que era mi regalo personal. Nunca he podido romper esa costumbre y sigo viviendo la Navidad según la auténtica tradición de Quebec: en casa hay muy poca música disco pero bailamos, reímos y escuchamos las canciones de siempre. Si de repente alguien desconocido entrase en casa durante una fiesta navideña pensaría que ha viajado treinta años atrás. Pero si no les transmitimos nuestras costumbres ancestrales a nuestros hijos, ¿quién lo hará?


¿Cómo participa Céline en la cena de Navidad?

Como aún está en casa, me ayuda a cocinar y creo que será una cocinera excelente, como todas sus hermanas. Como aún no han podido preparar estas cenas apoteósicas que hago en Navidad, aprovechan los viajes de Céline al extranjero, en los que yo siempre la acompaño, para cocinar. Se consultan, reúnen a la familia y organizan pequeñas recepciones en honor a Céline cuando ha estado fuera mucho tiempo. La felicitan todos si ha dado un concierto y ella enseguida les cuenta qué le ha parecido el lugar donde ha estado.


¿Cuentas con conservar durante más tiempo el monopolio de las reuniones familiares navideñas?

¡Y tanto! El cansancio que me puede dar no es nada en comparación con la alegría que me da ver de nuevo a todos mis hijos juntos en casa, como antes. Una vez probamos a reunirnos fuera de la casa familiar: tras alquilar un chalet inmenso en las Laurentides, mis hijas se ocuparon de la cena. Todos estaban de acuerdo en que no había sido como los otros años, aunque no sabían muy bien por qué. Tal vez porque en aquella residencia anónima en la que lo celebramos, el ambiente era mucho menos cálido y eso me hizo darme cuenta de una cosa: nada puede superar a una casa llena de recuerdos, con la presencia de los miembros de una familia tan unida para unirnos aún más.

 

 

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