Paris Match | 09.12.1999
octubre 31, 2011Céline Dion y René
La cantante tuvo mucho miedo de perder a su marido. Tras dieciocho años de trabajo incansable, decidió tomarse un tiempo para quererle y darle un hijo.
Una enfermedad grave es como un accidente. Marca un antes y un después. Algunos salen destruidos, otros más fuertes. Para Céline Dion y René Angélil, fue una revelación que hizo su pareja más sólida que nunca. El pasado mes de abril, a René le diagnosticaron un cáncer. Angustia, desesperación y miedo. La cantante y su marido no querían hablar con nadie. Cada vez quedaba menos para las sesiones de quimioterapia y la lucha diaria contra el dolor. Cuando Céline conoció a su mentor en 1980, este pasaba por un momento difícil. Depresivo, pasaba por problemas financieros. René vio en ella la oportunidad de su vida. Aún no sabía que sería la mujer de su vida. En 1994 se casaron en la basílica Notre-Dame de Montreal. El próximo 5 de enero se casarán de nuevo en Las Vegas, rodeados de amigos, para simbolizar la resurrección de su pareja. Lo peor ha pasado, ahora les queda disfrutar de lo mejor.
"Voy a casarme con mi marido, no con mi manager, y René se casará con su mujer, y no con una cantante". Con esta declaración Céline se dirigió a todo el planeta. Sin embargo, aunque nadie duda del amor que siente por René, es difícil olvidar los 110 millones de discos que ha vendido, un récord inédito para una artista femenina. Tras dieciocho años recorriéndose los escenarios del mundo entero, Céline Dion ha decidido poner en pausa su carrera no sin antes lanzar un último álbum, All The Way..., que reúne sus grandes éxitos. De ahora en adelante, la mujer quiere olvidar a la cantante. Su próximo éxito, Céline desea que sea una niña o un niño. En una palabra, un niño para el que no será una estrella, sino una mamá.
Miércoles 17 de noviembre. Estudios de la S.f.p. en Boulogne-Billancourt. Céline Dion graba la noche especial que le ha dedicado TF1 junto al reparto de Notre-Dame de Paris. Llega con retraso. Me informan de que finalmente sólo podrá dedicarme unos minutos y me suben a un Mercedes negro, parado frente a la salida de artistas. Estoy sola en el asiento de atrás. El conductor se gira. Me ofrece un sándwich. Al otro lado de los cristales tintados no puedo evitar ver a los fans que esperan estoicamente a su ídolo. Son las 18:05. Céline aparece, les sonríe y se dirige hacia el coche corriendo, guiada por el chofer y su guardaespaldas personal, un hombre de estatura impresionante. Vestida con una falda de cuero beis y un poncho negro, se sienta rápidamente a mi lado. Cansada pero aparentemente feliz. No le sorprende verme allí y dice: "Hacía mucho que no nos veíamos. Podremos hablar tranquilamente ¡No sabes el hambre que tengo!" añade antes de darle un bocado al sándwich. Dirección a los estudios de La Plaine-Saint-Denis para otro programa en el que es la invitada de honor. En la intimidad del coche, habla conmigo como si fuese una amiga.
A veces las enfermedades rompen una pareja. La vuestra se ha visto reforzada por esta situación ¿Qué os permitió seguir adelante estos largos meses?
El hecho de que René me necesitase. Siempre me había demostrado que me amaba, pero esta vez me hizo entender que yo era la única que podía ayudarle a superar el cáncer. De repente me convertí en la mujer de mi marido, en la responsable de su vida. Su repentina fragilidad me dio una fuerza increíble. Me sentí capaz de mover montañas por él. Me encantó ese papel y lo que nos trajo hasta aquí es aún más fuerte que el amor.
¿Algo te advirtió el peligro que se cernía sobre René?
No. La salud es algo que siempre tendemos a dar por hecho. Para nosotros mismos y para nuestro entorno. Pero cuando la enfermedad llega a tu vida, siempre tienes miedo por la gente que quieres.
René ha dicho que le ayudaste de maravilla a sobrellevar el tratamiento y que siempre encontrabas las palabras exactas para animar a sus hijos.
Me sentía tan fuerte que sin ningún tipo de duda ayudé a aquellos que me necesitaban. Me parecía que a nuestro entorno esta situación se le hacía más cuesta arriba que a nosotros.
¿De dónde sacas las fuerzas para no romperte?
Sin duda de todo lo que recibí en mi infancia. Sabía que era fuerte, pero no sabía cuánto. No suelo cuestionar la vida, simplemente la vivo. Siempre hay días buenos y malos. Hay que tomarlos como vienen y viajar con el equipaje que Dios nos da.
Un viaje doloroso... (Céline se gira hacia la ventana con la mirada perdida en la noche. El chófer va rápido. Muy rápido. Entiendo que está conteniendo las lágrimas. Prosigue con la voz entrecortada por la emoción...)
Te confieso que he llorado, pero rara vez. Lo que me permitió seguir adelante fue poder hablar con una amiga que es maravillosa escuchando. Después de leer muchos libros sobre la enfermedad en los que no conseguía reconocernos, recurría esta gran amiga. Sabía que si me rompía una sola vez, todo se vendría abajo. Siempre mantuve la moral alta. Establecí una especie de cuenta atrás de las 38 sesiones de radioterapia. Al llegar al hospital decía: "¡Hola a todos! ¿Cómo estáis hoy? Sólo quedan doce sesiones. Ya falta menos." Después ayudaba a René a cambiarse y le acompañaba a la sala de ultrasonidos, le ponía una manta y salía. Al final de la sesión, iba corriendo hacia él y volvíamos a casa cogidos de la mano. En ningún momento quise infringirle a mi familia mis miedos ni mis penas. De hecho, este viaje lo hicimos los dos.
¿Y eso?
En mayo y junio, René y yo decidimos aislarnos en nuestra casa de Florida para combatir su cáncer. Por primera vez en dieciocho años, nos encontrábamos cara a cara las veinticuatro horas del día. Pasamos miedo juntos. Sufrimos juntos. Y sobre todo nos dimos cuenta de que, aunque llevábamos tantos años enamorados, no nos conocíamos tanto como creíamos.
¿Y entonces? (En la penumbra, noto la sonrisa que alumbra de repente su cara)
¡Fue amor a primera vista! Durante dos meses vivimos únicamente el uno para el otro. Organizábamos nuestros días en función de los tratamientos de René y de placeres sencillos. Cada día le cocinaba sus verduras favoritas o purés fáciles de digerir. Improvisaba cenas románticas en todos los rincones de la casa, me ponía guapa para él... Por fin me sentí una mujer de casa. Y quería que mi marido dijera: "Esta versión suya también es increíble".
Un auténtico ritual de seducción...
¡Recíproco! Durante todos estos años ni René ni yo perdimos el tiempo. De repente, y a pesar de su enfermedad, descubrió el placer de seducirme. Algunas noches, cuando estaba a punto de irme a dormir, de repente me cogía de la mano y me invitaba a bailar con música romántica. La primera vez me pilló un poco por sorpresa y me pregunté si aquello era una cámara oculta (Se ríe). Por mi parte, decidí empezar a bañarnos los dos juntos, me tumbaba junto a él y solía quedarme dormida en sus brazos. Durante años estuvo centrado únicamente en su trabajo y mi carrera, y de repente se maravillaba con todas esas pequeñas alegrías del día a día. Esa nueva ternura me fascinaba. Durante aquellos dos meses descubrimos un país fantástico y sólo deseamos una cosa: volver lo antes posible.
¿Pensasteis en la muerte? (Su mirada se ensombrece. Reflexiona unos instantes antes de responderme)
No recuerdo que pronunciásemos esa palabra. Simplemente, al abrazarme contra él René me hacía saber que tenía miedo. Y ese miedo también lo sentí yo, aunque en todo momento estuve presente. Para él. Para sus hijos. Para todos los que él quiere. Evidentemente, tal vez yo muera antes que él. Somos muy conscientes, y lo que queremos es decirle al otro: "Aguantaré esto por ti." Frente a esta enfermedad se pueden tener dos actitudes: luchar contra ella o con ella. Nosotros escogimos la segunda opción y pusimos toda la suerte de nuestro lado. Hoy, René está lo mejor posible y los dos estamos aún más unidos que antes. Ya sea durante setenta y cinco años, veinte años ó diez minutos, el amor es tan precioso como un diamante.
¿Esta etapa oscura tuvo repercusiones en tu estado físico?
Este tipo de problemas pueden hacer adelgazar a algunas personas. Yo cogí unos kilos, ¡y por eso me sentí muy orgullosa! Creo que se debió sobre todo a un cambio radical de ritmo de vida. Me pasé dieciocho años viviendo bajo presión. De repente, me liberé de ella. Además, tenía que convencer a mi marido de que comiera bien.
Al final, los dos salisteis más fuertes de esta experiencia.
Tal vez ahora llore más que antes, pero son lágrimas buenas. Esta prueba me hizo entender que aunque el amor y la enfermedad, suelen hacer sufrir, también nos enriquecen y nos llevan por el buen camino.
Declaraste que querías "alimentar tu alma" y "crear de otra manera" ¿Qué querías decir?
Que ha llegado el momento de disfrutar de la música, tal vez componiendo canciones, pero también fuera de la música. De compartir el amor que nos une a mi marido y a mí, con un hijo. De disfrutar de nuestras familias, de nuestros amigos, de mis compañeros. Cuidar de Andrea, mi sobrina más joven, de la que René y yo somos padrino y madrina ¡Nació hace más de un mes y aún no hemos podido conocerla!
¿La enfermedad de René no puso en riesgo tu deseo de ser madre? (Me pone la mano en el brazo y aprieta con fuerza)
¡En absoluto! Cuando salió el tema de la quimioterapia y de la radioterapia, tomamos las precauciones necesarias. En un primer momento descansaré. Después, me pondré todas las vacunas contra las enfermedades infantiles de las que misteriosamente me libré de pequeña. Finalmente, tres meses después, ¡hora del bebé!
El 1 de enero de 2000, Céline Dion se convertirá en Céline Angélil...
Me sentiré muy orgullosa cuando me llamen "Madame Angélil". Es un gran deseo que tengo, pero nunca abandonaré a Céline Dion.
¿Por qué decidisteis volver a casaros el 5 de enero a las 17:00?
Porque el 5 es nuestro número de la suerte. Queremos volver a darnos, más alto y claro que nunca, ese "sí" mágico y aprovechar para reunir a nuestras familias.
Nos cuesta imaginar que puedas vivir sin cantar.
Es que seguiré cantando, en una casa llena de felicidad.
(La limusina se detiene. El trayecto entre Boulogne y La Plaine-Saint-Denis se me hizo muy corto. Céline me da un beso y, siempre acompañada por su guardaespaldas, entra rápidamente en los estudios de M6. Toda una profesional ¡Fin del regalo!)
René Angélil, un poco débil, tal vez un poco ausente, asiste a la grabación del programa de Céline para TF1. Hace dos semanas, los médicos le dijeron que el cáncer empezaba a remitir. Entonces le dieron cita para dentro de tres meses para una revisión que se renovará durante los dos próximos años. Aunque al principio era reticente a recordar el horrible periodo que acaba de vivir, acaba aceptando sentarse conmigo unos minutos. Las palabras salen solas...
"Cuando Céline terminó sus conciertos en Europa, pasamos dos meses los dos solos. Cuando la enfermedad llega a tu vida, te das cuenta de que cada día es importante. En el fondo sabes con quién quieres vivir. Céline y yo nos dimos cuenta de lo importante que somos el uno para el otro, y decidimos vivir cada momento intensamente, como si fuera el último. Su fuerza me hacía mucha falta en esos terribles momentos y, como siempre, no me decepcionó. Su cariño me ayudó a superar todo esto. La muerte nunca fue un tema de conversación entre nosotros, pero cuando estás muy enfermo tienes días buenos y malos. En esos días negros, necesitas ayuda y amor. A veces necesitas que alguien te devuelva a la realidad, que te recuerde que vale la pena luchar por la vida. Céline supo hacerlo. Siempre estuvo a mi lado en esos días en que me sentía menos fuerte. Me acompañó a mis 38 sesiones de radioterapia y, durante la quimio, se quedaba a dormir conmigo en el hospital. Sufrió mucho, pero siempre se mostró fuerte delante de mí. Alguna vez se rompió, pero no en mi presencia. También lloramos juntos. Obviamente por tristeza, pero sobre todo de felicidad ciertos días. Nos pasa mucho, como si fuéramos grandes amigos. Gracias a ese paréntesis de dos meses pudimos sentirnos en otro mundo. Más normal. Un preludio de lo que nos espera."
0 comentarios