Reportaje en 7 JOURS | 08.07.2016
enero 30, 2012La cantante está actualmente en Europa para empezar su gira de conciertos en Bélgica y en Francia. Josélito Michaud ha viajado hasta allí para traernos noticias de la gran diva.
CÉLINE, INDELEGABLE, ATEMPORAL E INCOMPARABLE
El 24 de junio en el AccorHotels Arena, antiguo Palacio de los Deportes de Paris-Bercy, fue el gran estreno de Céline, mientras en Quebec celebrábamos con orgullo el Día de San Juan Bautista. Está de regreso a París desde hace unos días. Como en casa, donde sus fans se cuentan por decenas de miles. La admiran sin límites, intensamente y con orgullo. Como nosotros, tienen una relación con su ídolo que no cambia con el paso de los años. Es como el primer día.
UNA GLORIA ETERNA
A sus 48 años, Céline está en la cima de su arte y de su fama. Una fama que no ha perdido ni un ápice 35 años después del inicio de su carrera. Todo comenzó cuando era una niña pequeña que no se imaginaba nada de lo que acabaría pasando. Céline supo aprovechar las oportunidades que le dio la vida con la ayuda de René, conocedor de la vida pública y de las posibles secuelas de tal nivel de fama. Por su parte, su protectora madre se aseguró de que su hija más pequeña no perdiese la cabeza en un mundo de estrellas, de luces y de ilusiones. Visiblemente, Céline está hecha para ser famosa, vivir con la fama y hacerla durar. Perdurar.
La cantante acaba de empezar su gira europea en el Palacio de los Deportes de Amberes, en Bélgica, donde la inmensa Véronic DiCaire, que está viviendo el mejor año de su carrera, literalmente triunfó al abrir el concierto de su amiga Céline. En Francia y en Quebec le tocará al imitador André-Philippe Gagnon la tarea de calentar al público antes de la llegada de la diva. Hace 60 voces en 28 minutos para recordar la evolución de la música desde los años cincuenta. Toda una hazaña.
EL PARÍS DE SIEMPRE
Han pasado tres años desde que Céline visitó la capital francesa por última vez. Muchas cosas han cambiado. El París con el que se encontró esta vez ya no es como el de su última visita, que se remonta a otoño de 2013, cuando dio una serie de conciertos en el mismo lugar y René aún estaba en este mundo.
Unas semanas después de aquella experiencia, que la artista calificaba de mágica entonces, su marido le anunció que su cáncer había vuelto y que necesitarían permanecer unidos para hacer frente a este nuevo enemigo, como ya habían hecho quince años antes. Contra toda expectativa, la primera vez logró superarlo. Pero no esta vez.
Hoy, Céline es viuda. París también esta de luto. La ciudad más bonita y romántica del mundo ha perdido una pizca de ese brillo de sus mejores años, cuando nos incitaba a visitarla y disfrutarla. Ese toque que la diferenciaba de todas las demás ciudades ya no está.
París sufrió dos atentados devastadores. Uno fue perpetrado para borrar la memoria de grandes dibujantes, silenciar su libertad de expresar y de nombrar ciertos temas. El otro pretendía recordar a los jóvenes que en este lado del planeta está prohibido escuchar música rock mientras te tomas tranquilamente una cerveza con tus amigos en una terraza intercambiando sonrisas cómplices y risas espontáneas. París no puede hacer como si no hubiese pasado nada.
Un clima político incierto y cierta tensión para que cambien las cosas a un año de las elecciones presidenciales, dan la impresión de que la ciudad sufre cierta morosidad y pone de manifiesto cierta tristeza entre los que siguen viviendo allí, porque muchos han abandonado la ciudad por miedo a que haya otros atentados. El miedo está muy presente.
¡UNA CUESTIÓN A DESTACAR!
Aquella noche, esa realidad se puso entre paréntesis. Céline, la portadora de felicidad, vino a cantar alto y claro, con su voz excepcional, sus grandes canciones de amor y de amistad. El público se entregó completamente al gran encuentro entre la cantante y sus fans parisinos.
La experiencia se repitió nueve veces en un recinto abarrotado. "El odio y la violencia han tomado demasiado sitio. Y frente a eso, el amor será siempre la más bella de las armas", comentaba cándidamente durante uno de sus pocos discursos, como para hacer una mención a lo innombrable: la muerte del que tanto amó durante más de 30 años, que se recorrió el mundo a su lado tras haberlo dado todo por ella, así como a esa ciudad de mil y un encantos que intenta recuperar el aliento tras tan terribles acontecimientos.
El concierto que encendió el antiguo Bercy comenzó con palabras en una pantalla gigante, la voz de Céline cantaba acapella Trois heures vingt, una canción de su repertorio antiguo. Pudimos escucharla al principio del funeral de René Angélil en enero, en la basílica Notre-Dame de Montreal, tal y como el propio René había solicitado un tiempo antes de dejarnos. Un peu de nous, un rien de tout, pour tout se dire encore, ou bien se taire... Su voz trasciende al público, llegado de distintas partes del mundo para decirle que la quieren y apoyarla en el momento que está viviendo. Están encantados de oír al natural y sin artificios a la voz más bella del mundo, como René siempre decía de su esposa.
Cuando Céline hace su entrada al levantarse la pantalla, sobriamente vestida de blanco y negro, el público explota. "El cuerpo debe expresar las alegrías," decía Brel en una de sus preciosas letras. El público está entregado. Demasiado amor que darle a la artista que tanto quieren. Un amor que no cambia. Desde que la diva pone un pie en el escenario de esta mítica sala de más de 16.000 butacas, se ve envuelta en ese inmenso amor. Pasan largos minutos de ovación hasta que puede empezar a entonar las primeras notas de la canción Encore un soir, que se convirtió en un éxito aquí y en Quebec apenas unas semanas después de su lanzamiento.
Céline ha pasado por mucho, pero no está desconsolada. Aparece rodeada de 29 músicos y coristas, entre los que las secciones de cuerda y percusión arroparán una selección de canciones más íntimas durante el concierto, bajo la dirección de Scott Price. Todos vestidos de negro dadas las circunstancias, se preparan para acompañar las proezas vocales de su diva. Los gritos del público son estridentes y les impiden comenzar el momento acústico del repertorio. Aumenta la intensidad de las ovaciones. Céline parece a punto de perder el control. Pero no, sabe seguir adelante. Retoma el control de la situación y canta. Canta como por necesidad. Como un grito del corazón. Entona las letras de Jean-Jacques Goldman junto al público. Une photo, une date, c'est a n'y pas croire. C'était pourtant hier. Mentirait ma mémoire... Et ces visages d'enfants. Et le mien dans ce miroir. Oh, c'est pas pour me plaindre, ça vous n'avez rien à craindre. La vie m'a tellement gâtée. J'ai plutôt du mal à l'éteindre, ó, mon Dieu j'ai eu ma part. Et bien plus à tant d'égards. Tiene una voz potente. Nada de florituras, solo lo esencial. Los espectadores están abrumados ante tanta sinceridad, ante tanta desnudez. La magia hace lo propio. En unos instantes, Bercy está conquistada. El tono de la noche está claro. "Si puedo confesaros algo, al cantar es cuando mejor me siento", le dijo a una revista durante una entrevista. "Retomo el gusto por la vida por René", le decía a Paris Match hace unos meses.
Durante el concierto, Céline Dion decidió poner la emoción al nivel más alto para agradecer a todos los que la apoyaron durante un momento tan difícil, en este esperadísimo regreso. "Ante todo quiero agradeceros vuestras palabras, vuestras miradas," dice al inicio del concierto. "Los niños y yo estamos bien, así que todo va bien. Millones de personas viven lo mismo que nosotros. Yo tengo mis canciones, que son como hombros en los que me puedo apoyar." La gente le responde: "Te queremos, Céline."
En una revista francesa, unos días antes de volver al escenario, decía: "Estoy bien porque mi familia está bien, y esto es parte de la vida. Es un nuevo comienzo, la vida sigue de otra manera... La vida nos impone ciertas cosas. Hay que vivirlas lo mejor posible. Soy madre de familia, soy una cantante apasionada, me siento querida, apoyada, y espero aguantar el principio del espectáculo porque anticipo la emoción. No me voy a subir a un escenario para llorar durante dos horas." Ironía o simple coincidencia, en junio de 1999 pronunciaba casi las mismas palabras durante sus inolvidables actuaciones en el Stade de France ante 80.000 espectadores, cuando dijo "René está bien", haciendo referencia a la lucha que él mantenía entonces contra el primer cáncer. El público gritó su amor por aquel hombre valiente. Yo estuve allí. La emoción era palpable. Desde su residencia en Flroida, René lo había oído todo.
El 24 de junio de 2016, cinco meses después de la muerte de René, Céline afrontó sola al público. Fue su primera visita a París sin él. Nada de los rituales que la pareja llevaba a cabo antes de cada actuación. Eso hacía el momento único y aún más intenso. Durante todo el concierto, fue imposible no pensar en el arquitecto de su carrera. Este concierto es una oda al amor. Pese a su ausencia física, René está omnipresente. "No puedo evitar pensar en René. Sé que está presente con nosotros (...). Pero las lágrimas han dado paso a las sonrisas", dice un poco más adelante en el concierto.
Numerosos son los momentos destacados de la noche. Al principio de la canción Je crois toi canta Temo a la noche cuando tú no estás. Me siento muy pequeña. Temo a los silencios tras las voces. Hace frío, mucho frío. Temo las calles, el día y la gente. Y también a la soledad. Rezo para que no me vean. Yo creo en ti, en ti yo creo. Totalmente emocionada, encadena las tres canciones que siguen: Qui peut vivre sans amour (¿Quién puede hacer como si no lo quiere, quién? ¿Quién puede decir que el amor le da igual, ¿quién?), Immensité (Pero lo que me emociona, ya lo sabes. Es la luz de tus besos. Todos los deseos, todos los sobresaltos. Como estrellas en mi piel. Como la inmensidad.) y Et je t'aime encore (¿Pero dónde estás? ¿Tan lejos, sin una dirección? ¿En qué te has convertido? La espera es mi única caricia.) Las letras de sus canciones menos conocidas cobran otro significado que, inevitablemente, atribuimos a la gran historia de amor que la pareja vivió a lo largo de tres décadas.
En pantalla, las luces de Yves Aucoin animan a bailar y a relajarse cuando el momento lo requiere. Céline canta como si fuera la última vez. La energía es contagiosa. El sonido de Denis Savage es impecable, como un suspiro al oído.
La cantante nos ofrece un concierto de un pudor innegable, de una inmensa sensibilidad, de una enorme clase, de un gusto sofisticado, de una rara elegancia, de una ejecución precisa, en lo que no es sino la tercera etapa de un maratón estival de 28 conciertos, de los cuales 2 en Amberes (Bélgica, ya hechos), 9 en París (donde estará hasta el 9 de julio) y 17 en Quebec a partir del 13 de julio.
Un concierto generoso en el que interpreta 29 temas que nos recuerdan lo rico que es el repertorio de Céline. Difícil incluir todos sus éxitos. Pero la selección se hizo a conciencia. Es muy personal. Cuando llega Pour que tu m'aimes encore, rápidamente hace ponerse en pie al público. Cantan el estribillo a coro ¡Es todo un himno al amor! La artista se recorre el escenario de izquierda a derecha, sin coreografía específica. Interpreta sus canciones con gestos y miradas penetrantes, normalmente hacia el cielo para dar gracias por lo que está viviendo y para decirle a René que sabe que está ahí, velando por ella y por sus hijos.
"Espero que os guste mi look, porque no me voy a cambiar. Quiero saborear cada segundo con vosotros", le dice a su público para validar la decisión. El hecho de que no salga del escenario para cambiarse, algo que hace habitualmente varias veces, aporta un toque natural a su actuación. Está ahí para quedarse. No pierde el hilo del espectáculo, ni nosotros tampoco. La intensidad aumenta rápidamente y sin interrupción.
En el primer tercio del concierto, Céline les presenta a nuestros primos la canción Ordinaire, uno de los clásicos de Robert Charlebois, reescrita por Mouffle. Majestuosa. Extraordinaria. Los arreglos de Scott Price le dan otra vida. De hecho, se incluirá en su próximo álbum en francés junto a Grand corps malade, Francis Cabrle y Serge Lama, por nombrar solo algunos. Tres canciones de Luc Plamondon, letrista que relevó a Eddy Marnay en la evolución musical de Céline, justo antes de la llegada de Jean-Jacques Goldman. L'amour existe encore, Ce soir on danse à Naziland y Ziggy, un garçon pas comme les autres fueron interpretadas de forma admirable. Les siguió una interpretación descomunal de Purple Rain para rendir homenaje al genio Prince, sólo unos meses después de su fallecimiento, trágico como los de Michael Jackson, Whitney Houston y Amy Winehouse.
Céline está lista para vivir con la ausencia y el dolor de la pérdida. La emoción sigue con los bises: My Heart Will Go On, S'il suffisait d'aimer y Vole, que pone el broche de oro a dos horas de un show inolvidable. En pantalla queda una foto de ella y René abrazados. Un adiós que no necesita palabras. Serían inútiles. Todo está dicho. Todo está cantado. La imagen de su amor deja al público al borde de las lágrimas, emocionados y agradecidos por tanta belleza. Céline brillará siempre en el firmamento, no muy lejos de René. The Show Must Go On... El espectáculo debe continuar. Una promesa que le hizo a René antes de que nos dejase. Cumple su promesa para alegría de sus fans.
Su visita no tuvo ni un descanso. Le dio una entrevista a Ruth Elkrief para BFMTV, el presitigioso canal de información continua, el 20 de junio. Grabó un programa especial del Grand show con Michel Drucker. El programa se emitirá en otoño para celebrar el lanzamiento de su álbum en francés, previsto para el 26 de agosto. Grabó otro programa especial, M6 Music Show 100% tubes 2016, que descubriremos en septiembre en M6 presentado por Stéphane Rotenberg, con quien ella se entrevistó en Las Vegas el mes pasado. El equipo de Accès illimité la siguió durante los dos días previos al estreno de su espectáculo, ya la veremos en portada de Paris Match y Elle.
ALDO GIAMPAOLO, EL HOMBRE ORQUESTA
Unos meses antes de la muerte de René, la carrera de Céline fue confiada a Aldo Giampaolo, gran amigo y compañero en esta aventura desmesurada. Este hombre de impresionante experiencia vela por la organización de su nueva protegida. "Tiene que llevar su vida de familia sin el padre de sus hijos. Tiene que seguir su vida profesional sin su Pygmalion. Quiso volver por él", nos dijo Aldo Giampaolo durante una emotiva e íntima rueda de prensa en Las Vegas el día en que volvió oficialmente sólo unas semanas después de haberse despedido del hombre de su vida.
¡CÉLINE, MUY PRONTO EN QUEBEC!
¡La artista tan querida y esperada llegará a Quebec muy pronto! Cantará 10 veces en el escenario del Centre Bell, en Montreal: el 31 de julio así como los días 1, 4, 5, 8, 9, 12, 13, 16 y 17 de agosto. Después la veremos los días 20, 21, 24, 25 y 27 de agosto en el Centre Vidéotron de Quebec así como los días 30 y 31 de agosto en el Anfiteatro Cogeco de Trois-Rivières. Todo eso justo antes de reencontrarse con su público de Las Vegas el 20 de septiembre. Más información en celinedion.com.






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