7 JOURS | 10.09.2010
octubre 21, 2011CÉLINE
Confidencias de una madre feliz
La estrella de la música Céline Dion está en reposo absoluto en su nueva residencia de Jupiter Island, en Florida, esperando la llegada de sus gemelos, prevista para noviembre. De aquí al parto, no acepta ninguna obligación profesional. A excepción de dos duetos que grabó hace unas semanas, la canción Y'a pas de mots con Marc Dupré y Voler, con Michel Sardou. En marzo de 2011, presentará en el Colosseum del Caesar's Palace, en Las Vegas, un nuevo espectáculo, compuesto por sus éxitos y por canciones de películas de Hollywood. Con la gran generosidad que la caracteriza, aceptó hablar para los lectores de 7 JOURS. Habló conmigo, de madre de familia a madre de familia, con mucho humor y esa sinceridad que tan bien conocemos.
Hola Céline, gracias por dedicarnos este tiempo, ¿cómo estás?
¡Muy bien! Todos estamos bien. Este embarazo es muy, muy distinto del primero. Tengo a dos bebés en mi vientre, es mucho más peso. Es otra aventura, pero de nuevo es un gran privilegio y un milagro precioso dar vida. Creo que no hay nada más bonito ni más grande en el mundo. Es difícil de describir pero... ¿tú tienes hijos?
Tengo un hijo de dos años y medio, que tuve con 42 años, más o menos como tú.
¡Tal cual! Estoy segura de que estás feliz.
¡Totalmente! Pero dos niños implican mucho trabajo ¿Cómo fue el proceso que te llevó a esta buena noticia?
(En ese momento, Céline interrumpe la entrevista para darle un beso a René-Charles, que acaba de volver del colegio. Habla con él con mucho cariño: "Te quiero, pequeñajo. Mamá está dando una entrevista.") René y yo no vivíamos en un sueño ni en una burbuja. Éramos muy conscientes de que no era fácil que me quedase embarazada, pero esperábamos poder tener otro hijo. Pero después del quinto intento, dijimos: "Tal vez ya no pueda ser. Ya fuimos bendecidos por Dios la primear vez." Con René-Charles, la fecundación in vitro funcionó a la primera. Es un niño-milagro para nosotros ¡Nos ha dado un equilibrio extraordinario! Es toda mi felicidad. Antes de tener a René-Charles, yo pensaba: "Tal vez nunca pueda tener hijos." Lo intentamos durante seis años y me dije que, cuando tienes tanta suerte en la vida, tal vez tampoco puedas tenerlo todo. Que tal vez ese debía ser mi equilibrio, no tener hijos...
Como se suele decir, no hay que abusar de la suerte.
De todas formas, tampoco nos volvimos locos con el tema. Pero sí que dijimos: "Abusemos un poco de la naturaleza, que nos ofrece varias opciones." Así que recurrimos a la fecundación in vitro. Pero tras el quinto intento me pregunté: "Llega un punto en que sólo ves números, ¿dónde está el límite?".
¿Hubo algún momento de frustración?
Nunca. Me dio pena cuando no salía, pero enseguida me recuperaba. Soy muy rápida para recuperar la sangre fría. Sin embargo, lo que más me costó fue el hecho de que ya me había comprometido (para dar una serie de conciertos en Las Vegas) y estábamos posponiéndolo constantemente. Y veía que el tiempo empezaba a llamar a mi puerta. No sólo estaba el tema de mi edad. Pero teníamos muchos compromisos que no parábamos de posponer, decíamos: "Ahora mismo no podemos, no ha salido bien." De hecho, el primer intento pareció que sí, pero finalmente no salió adelante. La prensa empezó a inventar historias, decían "Céline espera un hijo" y unas semanas después ya no estaba embarazada. Era un rollo... No quería autoimponerme esa presión, sino vivirlo como todas las mujeres: esperar tres meses y que sea lo que tenga que ser. Al sexto intento dijimos: "No hay ningún problema médico ni físico que me impida seguir. Llegará un momento en que tengamos que plantearnos si seguir o no." Fue entonces cuando Julie Snyder me recomendó probar con la acupuntura. Yo confío mucho en ella, y tampoco tenía nada que perder. Puse todas las opciones de mi lado. Me quedé en Nueva York casi dos meses mientras que con los otros intentos cogí el avión nada más transferirme los embriones para volver a Florida.
¿Crees que eso fue lo que marcó la diferencia?
No lo sabemos ¿Fue 50% acupuntura, 50% el resto? Yo no quiero saberlo. Funciono, así que bravo por el acupuntor, ¡bravo, Dr. Rosenwaks! ¡Bravo Nueva York! Cuando me fui de Nueva York, sentí que algo iba mal... Fue psicosomático. No sabía si esta vez sería la buena. Estaba a punto de entrar en pánico. Me repetía todo el tiempo: "Cálmate, después de todo eres madre de familia. (risas) ¡Tienes que ser fuerte!" Cuando llegué a casa en Florida, me puse a llorar. Pensaba: "Ayer me pareció tener algo de barriguita, pero en cuanto me subí al avión desapareció. Creo que ya no estoy embarazada." René intentaba tranquilizarme diciendo que llamaría al médico y que este vendría a verme. Yo le contesté: "Aunque me vea la barriga, ¿qué quieres que haga? ¡No puede ver a través de ella!" ¡Quería saberlo! No sólo quería que el médico viniese a tranquilizarme. Estaba entrando en pánico. Cuando el médico me dijo que vendría a verme, pensé: "No vengas para tomar el té conmigo, no quiero que nadie me hable ¡¡¡Quiero saber si estoy embarazada!!!"
Cuando llegó a casa con su jeringuilla serían las 22:00, ¡no te miento! Me tomó una muestra de sangre, y cuando me dijo que se iba enseguida al hospital para hacer unos análisis, ¡quise darle un besazo! Le respondí: "Has hecho las cosas bien conmigo, pero no tienes ni idea de lo que acabas de hacer por mí ahora mismo. Me puse los seis teléfonos sobre la cama con René, los móviles cargando por si acaso, el teléfono de casa, etc. ¡Sólo había teléfonos! (risas) Cuando sonó, contestamos al instante. René cogió la llamada... Simplemente dijo "Yes." Cuando René le dijo al médico: "Te paso a Céline", supe que era buena señal porque René habría empezado a llorar si la respuesta hubiese sido negativa. El médico me dijo: "No estás embarazada, estás muy embarazada. Así que hazme un favor y acuéstate." ¡Fue toda una aventura! Esperábamos un corazoncito... ¡y hay dos!
¿Te anunció esa misma noche que eran dos o tardó algo más?
Ya en Nueva York veían dos manchitas negras. Incluso antes de que me dijesen que estaba embarazada, los médicos se miraban y decían: "Oh Dios mío, ha funcionado, ¡y por partida doble!" El médico me dijo: "No me preocupa que estés embarazada, ¡sino que estés demasiado embarazada!" (risas) Nos volvimos locos de alegría. René lloraba. Yo no podía hablar. Fue una felicidad indescriptible: esperábamos que tal vez nos dijeran que no había salido bien... Y fíjate, ¡no uno sino dos! Nos volvimos locos.
¿Estás en reposo absoluto siguiendo la orden de los médicos?
Desde hace dos ó tres días no quieren que camine mucho porque peso bastante. Tengo falsas contracciones, y no quieren que el útero se estimule demasiado. Ni ellos ni yo queremos correr riesgos. De todas formas, mi trabajo es ser una madre protectora y eso estoy haciendo. Tengo mucha ayuda para otras cosas, con las que no debo jugármela. Este es el último esfuerzo. No camino por casa para nada. No voy a bañarme. Pongo toda la suerte de mi lado ¡Digamos que voy probando todos los sofás de la casa! (risas)
¿Vendrá tu madre a hacerte compañía?
Mi madre trabaja mucho, sin parar. Yo pensaba que un día se relajaría después de haber criado una familia tan enorme, pero al contrario. Hizo su trabajo de madre y para ello tuvo que dejar de lado todo lo que quería hacer. Se puso a trabajar, a viajar, a coser, a cocinar, a hacer amigos de su edad... ¡y encima sale a caminar! Mi madre tiene muchísima energía y trabaja más que nunca. Debió de pensar: "Cuidé de tu padre hasta el final porque me necesitaba de verdad, pero ahora soy una mujer libre. Mi familia es independiente, y yo puedo hacer lo que quiera." Está disfrutando con sus amigos. Ya vino a verme en Florida dos veces, una de ellas en la nueva casa. Tiene ganas de terminar su trabajo.
Mi madre está ahora en gira promocional, y dice: "Bueno, mañana haré 10 ciudades, así que me preparo 10 maletas." Una vez termine la gira vendrá a verme. ¡Mejor será que no me dé prisa en dar a luz!
No pudo estar para el parto de René-Charles ¿Era importante para ti que estuviese presente para la llegada de los gemelos?
¡Por mí, querría que mi madre estuviese aquí todo el tiempo! La adoro, tenemos una relación preciosa. No estuvo para la llegada de René-Charles, en primer lugar porque di a luz tres semanas antes de lo esperado y, en segundo lugar, porque el día del parto estaba en París, cenando con Eddy Marnay. En cuanto llegó empezó a mimar al pequeño, pero habría preferido estar desde el principio. La naturaleza tenía otros planes. Con los gemelos, puede pasar tres semanas, un mes o hasta dos antes de la fecha prevista. Así que yo hago lo posible por extenderlo todo, ¡y ella intenta terminar su gira lo más rápido posible! Si en el momento de dar a luz está fuera, tomará el primer tren para venir. Total, cuando llegue todavía no estarán yendo al colegio.
Hablabas de compromisos profesionales para 2011... ¿De qué manera visualizas el regreso al mundo del espectáculo y la conciliación trabajo-familia? O tal vez prefieras no pensar en ello...
¡Les pediremos a los niños que sean mis teloneros! (risas) Así me dará tiempo a peinarme y subirme al escenario a mi hora... No, en serio, claro que se hace corto este descanso, sobre todo tratándose de gemelos. No puedo pensar, y eso que siempre he pensado en lo que viene después. Mi plan es sencillo. Ahora mismo, hago mi trabajo de mamá lo mejor que puedo, es mi prioridad. René-Charles tiene mucha suerte de tener a mi hermana Linda, su madrina, así que no me preocupo por él. En cuanto a los compromisos en Las Vegas, los organizamos en función de su horario escolar. Pero me he hecho a la idea de que no podemos hacerlo todo ni puedo estar en todas partes al mismo tiempo teniendo a seis niños subidos a mis faldas... Mi madre dice lo contrario: "¡Aún tienes hueco para otro niño!" (risas)
Quieres darles el pecho a los gemelos ¡Te embarcas en toda una aventura! ¡Me parece admirable!
Voy a intentarlo. (risas) Ese es mi plan A, la primera intención. Pero pienso lo siguiente: por la noche, no puedo dedicarle 45 minutos a cada niño. Se despiertan cada dos horas, tengo que cambiarles el pañal, el pijama está mojado, tengo que cambiarlos, lavarlos, cantarles una nana... No puedo decirles: "¡Duérmete ya!" Me encanta cuidar de los niños, me encanta que se queden dormidos conmigo. No quiero decirles: "Venga, bébete la leche. ¡Ale, listo!" Me gusta que sea un momento privilegiado, pero si tuviera que darle el pecho a uno y luego al otro, no podría dormir nada. Así que encontraré la manera. Por la noche les daré el pecho a los dos a la vez, y durante el día veré mis opciones. Tal vez mi hermana Linda bañe a uno mientras yo le doy el pecho al otro, o se ponga a jugar con el primero mientras le doy el pecho al segundo. Me gusta cuando tu hijo apoya su manita en tu pecho y te mira: de repente te sonríe. ¡¡Ohhh!! ¡Es increíble! De todas formas, no hay que entrar en pánico. En mi opinión, lo mejor es darles el pecho y lo peor, pues también.
¿Qué quieres decir?
Cuando todo va bien y no tienes problemas con el pecho, no hay de qué preocuparse y es la mejor solución. Pero cuando llega el estrés y no ves la luz al final del túnel y llevas dos días sin ducharte, puede que dar el pecho no sea lo ideal. No me gusta que dar el pecho sea algo impuesto. A las mamás jóvenes podemos decirles que es un privilegio, que no hay nada mejor. Pero cuando la mamá está super estresada, le duelen los pechos, no tiene ayuda, su mamá no está ahí para ayudarla, el hijo mayor necesita atención, ¿qué haces? Les das el biberón, y el padre baña al hijo mayor. Llega un momento en que tienes que tomar decisiones. Tampoco hay que volverse loco con ello. Cuando necesitas ayuda, la ayuda que necesitas no es que se ocupen de tu hijo. Esa debería ser tu tarea; pueden hacerte la comida, ayudarte a tener tiempo para asearte. Pero no cuidar de tu hijo mientras tú te vas a un restaurante. En fin, dejo de hablar... (risas)
¡Deberías escribir un libro sobre cómo criar a los hijos! El mío tiene dos años y medio y sigo dándole el pecho...
Tienes suerte, ¡mucha suerte!
Hay quien me hace comentarios, pero paso de ellos...
Es agotador cuando los demás creen que... y dicen que... ¡Es agotador! Yo escribiría un libro titulado Vive y deja vivir.
Céline, gracias por tu generosidad. Lo apreciamos tanto como tú aprecias poder descansar. Gracias por haber dedicado tiempo a los lectores de 7 JOURS ¡Feliz última etapa del embarazo!
¡Buena suerte con tu hijo y disfruta de esa felicidad!
Vas a tener dos niños preciosos y sanos.
¡Eso espero! Muy amable.
LA VUELTA AL COLE DE RENÉ-CHARLES...
Cuando empezábamos la entrevista recibiste a René-Charles, que volvía del cole ¿Crees que ha cambiado mucho desde que va al colegio normal con otros niños?
Es un niño que se adapta a todas las situaciones desde que era pequeño. Obviamente siempre lo hemos llevado con nosotros, pero igualmente estoy muy orgullosa de mi pequeño. Ha visto muchas cosas. Ha compartido mucho a sus padres, ha compartido muchísimo a su madre. Me preguntaba cómo iría este principio del colegio. Hacer clases en China, con un profesor que se sienta contigo en el sofá, a la hora que mejor te vaya es algo muy distinto, incluso aunque a fin de cuentas acabes haciendo los deberes. Pero no es como llevar uniforme, una disciplina y sentarte todo el día en un pupitre. Ese momento me preocupaba un poco y cuando empezó el cole el año pasado fue muy, muy especial.
Tuvo que cortarse el pelo porque en la escuela tienen una norma que estipula un límite de longitud de cabello. Le expliqué que es como los adultos que van a trabajar y tienen que llevar uniforme. Tienen que cortarse el pelo porque es una norma del trabajo. Le dimos la opción: si no quisiera cortarse el pelo, le mandaríamos a otro colegio, que tuviese otra normativa. Pero probó este y no quiso cambiar. Fue toda una adaptación, madrugar... Tenía horarios de show business. Esperaba a su madre, se levantaba tarde, vivíamos juntos. Su vida ha cambiado completamente. Tiene dos vidas, como nosotros. Unos días antes de que empezase el cole empezamos a acostarnos y despertarnos muy temprano, pero cuando está de vacaciones, nos vamos a dormir tarde y nos levantamos tarde, comemos cuando tenemos hambre. Dejo la disciplina de lado; durante las vacaciones los horarios son más flexibles, disfrutamos y no nos preocupamos por la hora. Va muy bien en el colegio, y le gusta.
Por cierto, hablando del tema, cuando hicimos la gira mundial la gente me decía: "No puedes salir de gira después de Las Vegas, no tiene ningún sentido." Pero no quería que René-Charles empezase el colegio, hiciese amigos, su pequeña vida, su propio éxito y al año siguiente, nos fuésemos de gira ¡Nada de yoyós! Dije: "Salimos de gira, lo hacemos todo seguido." Ahora mi prioridad era que mi hijo empezase el colegio. Una vez hecho eso, podemos organizarnos en función de su horario. Sólo se perderá siete semanas de clase cuando esté en Las Vegas, pero seguirá las clases con la tecnología Skype. Eso me parece aceptable.
A esa edad, sus amigos se convierten en el centro de su universo, no podemos quitarles eso.
Sí, pero además hay otra cosa. Tampoco me apetecía oírle decir, con 14 años:" ¡Oh! ¡Prefiere su carrera!" No puedes consentir que tu hijo se pierda ciertas cosas porque su madre se dedique a lo que se dedica. No quiero que deje de hacer nada. Quiero que sólo tenga buenas experiencias: "He podido viajar porque mi madre trabaja en lo que trabaja." Pero hay que vivirlo bien, porque conozco a muchos niños entre bastidores, en programas de televisión. Los educan asistentes, peluqueros, maquilladores... De eso hay mucho. Les dicen: "Mamá se va a dar su concierto, quédate aquí." Y otro día otra persona cuida de ellos. Cuando René-Charles viene a ver el show de mamá, le digo: "También es tu show". En casa, su madrina Linda cuida de él. Está en casa, en su ambiente, jugando con sus juguetes, con sus cosas. Y si viene a verme cantar, será su decisión.
Durante todos estos años, René-Charles estuvo muy cerca de ti. El primer día de colegio tuvo que ser una separación difícil...
Derramé una lagrimita. Obviamente no pude evitar llorar un poquito, ¡pero no delante de él! Todas las mañanas lo llevaba y todas las tardes iba a recogerlo. Sólo quería asegurarme de que estuviera bien, me preocupaba mucho... "¿Y si tiene frío?"... "Le he puesto una sudadera en la mochila, espero que se acuerde." Me daba tanto miedo que le entrara hambre... y sed... y frío. (risas) Esas cosas nos preocupan mucho. Pero va super bien, ¡y estoy super orgullosa de él!
LA ESTRELLA VIAJA POR EL MUNDO
La película Céline: Autour du monde, dirigida por Stéphane Laporte, y el concierto Tournée mondiale Taking chances: Le spectacle fueron nº1 en ventas prácticamente en todo el mundo. El público vio otra faceta de ti en este documental ¿Cuál fue tu reacción cuando te viste en los DVD?
Normalmente, cuando das entrevistas cortan la mitad de tus respuestas, porque yo hablo muchísimo, ¡así que siempre cortan mis locuras! En una película como esta nos ves en acción. No soy nueva, no soy distinta, simplemente decidieron filmarme durante más tiempo. Es una película, no una entrevista, la gente verá más de mí. Lo que me fascinó fue ver cómo la gente me ve a mí y cómo yo los veo a ellos. Cuando actúo no tengo tiempo para ver todo lo que pasa, así que me pierdo mucho ¡Pero esta vez las cámaras lo filmaron todo! Descubrí cosas extraordinarias... Vi cómo la gente reacciona cuando pasan ciertas cosas, cómo viven el principio y el final del concierto.
Me emocionó ver a los fans. Cuando llegas al escenario y los saludas, tomas un tiempo para mirarlos, ves los carteles. Pero después te concentras en tu concierto: bajas la plataforma, bailas y te tienes que organizar, hay luces que te siguen y si no das tres pasos a la derecha nadie podrá verte, porque te caerás al foso...
Así que veo a los fans, pero no con tanta intensidad como cuando les hacen zoom con la cámara. Cuando veo sus caras y sus reacciones, pienso: "¡Dios mío, qué intensos son!" Estaba en mi salón y me veía como artista ¡También fue emocionante que mi hijo lo viera!
Fue un shock verme. Creo que sale de mí algo agresivo, como una bestia...
¿Algo animal?
En el escenario me giraba y, al verlo, era como si los ojos se me fuesen a salir de las cuencas. Me daba miedo a mí misma. (risas) Al mismo tiempo, me descubrí al verlo. Pero sobre todo aprecié la intensidad del amor que me rodea. Cuando abandono el escenario, me despido con la mano, les digo: "Adiós, muchas gracias" y me meto en el coche. Pero hay cinco ó seis fans llorando. Dios mío, el impacto es más fuerte de lo que me había imaginado. Francamente, me emocionó mucho, mucho.
¿Ahora que te has visto actuar te sentirás distinta en el escenario?
Cuando te ves en el salón, te preguntas: "¿Esa soy yo?" Pero cuando empieza el espectáculo, the show must go on... Hay una transformación, la adrenalina, algo que no puedo controlar. En mi salón, ¡la adrenalina se queda en la bolsa de patatas fritas! En el escenario, dura una hora y media. Entre las canciones, crees que te vas a calmar, pero hay una mirada en la sala, un niño, siempre hay alguien que te emociona. No puedes decir: "Vale, voy a mantener la calma." No tienes tiempo porque la adrenalina puede más. Y esa es la droga del show business. Te haces adicta, por eso nos encanta esto, es inexplicable. Y esa adrenalina es peligrosa...
También hay que pensar que cuando cae el telón te vas a casa. Hay que ser capaz de volver a la realidad. Ahí está el equilibrio y es lo que te permite funcionar en la vida. Si no, esa droga es tan fuerte que podrías acabar en un casino, ir a la primera zona donde haya un piano y seguir cantando. Es el cuento de nunca acabar, ¡de locos!
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