7 JOURS | 27.05.2016

julio 08, 2011


Por primera vez tras la muerte de René, Céline ha concedido una entrevista cargada de emoción a Marie-Claude Barrette. La gran cantante mira hacia el futuro más que nunca mientras conserva muy vivo el recuerdo de su marido.

El 12 de mayo entrevisté a Céline Dion. Aunque el hombre de su vida, René Angélil, falleció el 14 de enero, tenía ante mí a una mujer de una gran fuerza interior. Sin negar la ausencia de René, desea que siga vivo en el corazón de sus hijos, como está presente en el suyo. Pese a su tristeza, su pasión por la música sigue intacta. Por ese motivo desea continuar lo que René y ella construyeron juntos desde que ella tenía 12 años...

Céline, la gran pregunta que todos se hacen: ¿cómo estás?
Honestamente, estoy bien. Aprendiendo a vivir con la ausencia de René. No está físicamente a mi lado, pero vive en mí. Este es un enfoque sano para mí. Además, antes de que nos dejara, pedí un poco de ayuda a nivel psicológico para poder ayudar a mis hijos a aceptar la muerte de su padre. También leí varios libros, pero acabé dejándolos de lado. Me di cuenta de que en la vida, ya seas padre, madre, cantante o músico, ningún libro puede explicarte cómo educar a tus hijos. Cuando René se fue, me dije a mí misma: "Nos encontraremos en Montreal en algo desconocido que no será fácil. Tengo que preparar a mis hijos."


Hablas por supuesto del funeral...
Sí. Además pensé: "Voy a demostrarme a mí misma que puedo hacerlo y a dar ejemplo a mis hijos." Cuando René falleció, enseguida fui a ver a René-Charles y le pregunté si quería ver a su padre. Le dije: "Papá está en el mismo estado que ayer; es como si estuviera durmiendo." René-Charles escogió no ir a verlo, conservar el recuerdo de su padre vivo, y yo lo respeté. En cuanto a los dos pequeños, acababan de cumplir cinco años. Así que como dos días antes de salir para el funeral en Montreal, me senté con ellos en su "cabaña de juegos". Es una casita en la que juegan en casa. Le pedí a mi hermana Linda que se quedara conmigo para apoyarme. Me sentí fuerte. Les dije a los pequeños que mirasen hacia la puesta de sol en el exterior. No quería que me interrumpieran. Les expliqué que papá estaba muy, muy enfermo, hasta el punto de que los médicos ya no podían ayudarle. Evidentemente, no fue ninguna sorpresa para ellos: hacía tiempo que sabían que papá estaba muy enfermo. Pero yo no quería que se preocupen cada vez que se pongan enfermos, que crean que no se podrán curar de una simple gripe, ¿entiendes? Después, les hablé de la película Up. La película de Disney que cuenta la historia de un señor que debe aprender a vivir después de la muerte de su esposa. Les dije que papá estaba "arriba". Me miraron y dijeron "¿Papá no está aquí?" Hicieron muchas preguntas. Los niños de cinco años son muy inteligentes y muy abiertos.

Acabé diciéndoles que tenía una idea, que para las personas que suben "arriba" hacemos una celebración de vida. "¿Os gustan las cosas que brillan? Vamos a coger todo lo que brille en casa, vamos a salir afuera, vamos a ponérnoslos en las manos y vamos a decir "Te quiero, papá". Pediremos un deseo y... (se sopla la mano mirando hacia el cielo) lo lanzaremos hacia el cielo, y él lo recibirá con toda su luz. Papá ya no está en casa, pero está en tu corazón, y siempre estará contigo. Lo digo honestamente: de lo que más orgullosa estoy como madre, es de haber evitado que mis hijos tuviesen miedos y preguntas. No quería que buscasen a su padre, que se preguntasen "¿Papá, dónde estás? ¿Cuándo vas a volver?" Eso lo tenía claro.


Todo el mundo se emocionó mucho con el discurso de René-Charles en el funeral. ¿Cómo tomó la decisión de hablar durante la ceremonia?

Fui a verle y le dije: "Tu padre y yo siempre te hemos respetado, y eso no va a cambiar. ¿Quieres hablar en la iglesia? Es algo muy grande, va a haber mucha gente. Puedes hablar en inglés o en francés." El inglés es su primer idioma. Yo siempre le hablo en francés. Le dije: "Escucha, tengo que dar una respuesta hoy a medianoche. No quiero obligarte a hacerlo. Mírame a los ojos. Si tu respuesta es: "No, mamá, no puedo hacerlo", tu padre y yo lo aceptaremos y te apoyaremos. ¿Quieres que te dé mi opinión?" Me dijo que sí. "Es la última vez que podrás hablar con tu padre. Pero no te lo digo para ponerte presión. Te hablo con mi corazón de madre. Podemos practicar juntos, puedes escribirlo tú solo o podemos pedirle a alguien que te ayude a escribirlo. Tu padre te va a apoyar, digas que sí o digas que no, pero te doy las gracias por escucharme." Cuando volví a verlo, me preguntó: "¿Qué dirán los demás, para no repetirme?" Así que tuvimos una pequeña reunión, y decidió hablar. Me sentí muy orgullosa de él, y muy orgullosa de mis gemelos. Habrían podido ponerse a saltar en los bancos...


UNA ÚLTIMA CITA

René y Céline, dos nombres inseparables, unieron sus destinos en la Basílica de Notre-Dame de Montreal en 1994, donde se dieron el sí quiero en la salud y en la enfermedad, para todos los días de sus vidas. Esa promesa cobra todo su significado cuando Céline nos cuenta el simbolismo alrededor del desarrollo del funeral de René...

Céline, el funeral comenzó con la canción Trois heures vingt, la favorita de René del repertorio de Eddy Marnay. ¿De qué habla esa canción?
Cuando René hizo la lista de canciones para su funeral, me sorprendió un poco pero no lo cuestioné. Fue su deseo ¿Pero hasta dónde llega la coincidencia? ¿Hasta que punto una persona puede controlar su muerte? ¿Realmente podemos hacer algo así? La víspera de su fallecimiento, René me llamó sobre las 19:30. Ya no me llamaba nunca porque no oía muy bien. Le costaba hablar. Me dijo: "Quiero desearte un buen concierto y decirte que te amo." Le dije: "Gracias, mi amor, enseguida te veo ¡Adiós!" En estos últimos tiempos, cuando llegaba a casa demasiado tarde, no iba a despertarlo porque ya se había tomado la medicación. Pero si llegaba pronto, estaba un rato con él y le cambiaba la almohada. Así podía volver a dormir, porque los efectos de la medicación aún eran muy leves. Aquella noche me llamó, di el concierto y volví muy tarde. No fui a verlo para no despertarlo y... (sus ojos se llenan de lágrimas).

El forense dijo que, según la temperatura del cuerpo, murió entre las 3 y las 4 de la mañana. No me quedó la menor duda de qué canción debía abrir el funeral de René. La canción dice: "Te dije que no, eso no quería decir nada. Aún era muy joven ayer... Pero no pongas esa cara, ya sabes que todo irá bien porque al final, donde tú vas, voy yo." Y después, dice: "Nos vamos juntos, vale, está decidido." No podía no hacer eso por René. El funeral empezó a las tres y veinte con la canción Trois heures vingt. Le dije a todo mi entorno: "No puedo llegar tarde, tiene que ser a las 15:20, ni un minuto más tarde." No se puede llegar tarde a una cita tan importante. Esa canción habla de la vida juntos que comenzamos detrás del escenario, fue entonces cuando nació nuestra relación. Nos casamos, pero nuestra historia de amor empezó hace mucho tiempo.


¿Cuando entraste en la basílica pensaste en el día de tu boda?
Para mí ese día fue una continuación de la boda. Porque no olvidemos que dijimos "hasta que la muerte nos separe". Para mí, el funeral fue una forma de cerrar el círculo. Así se lo dije a mi equipo. No quería que fuese pesado, no fue el final sino la continuación del matrimonio. Por eso le pedí a mi sobrino Jimmy y a mi sobrina Audrey, que llevaron las arras en nuestra boda, que me abriesen el camino en la iglesia. El camino hacia una nueva vida... Antes de entrar en la iglesia cogí mi alianza y la de René y le di un pequeño cojín a Jimmy, que se lo colocó sobre las piernas. Audrey le empujaba la silla de ruedas. Todos los que nos seguían detrás fueron los mismos y en el mismo orden que en nuestra boda. Recreé mi séquito de boda, en cierto modo. Entré llevando los gemelos de la mano. Me habría encantado tener tres manos para llevar a mis tres hijos. Pero le pedí a René-Charles que se ocupara de la abuela, lo que hizo con una gran dignidad.


Llegaste al corazón de todos al estar presente desde el principio hasta el final de la capilla ardiente ¿Qué sentiste al recibir a tanta gente, al compartir tu dolor con tantas personas?


Al principio tenía que irme para comer, beber algo, quitarme los zapatos, descansar, recuperarme... Fueron muchas emociones. Pero miré a René detrás de mí y pude oír cómo me decía: "¿Por qué ver a 200 personas, pero no a las 100 siguientes?" Así que me dije: "Tengo que quedarme." Algo me lo decía, y estoy segura de que era él: "O lo haces o no." Además, no me habría sentido bien si me hubiese marchado delante de todas aquellas personas. Hacía mucho frío fuera, llevaban horas esperando. Me dije: "Sí, he sufrido una gran pérdida pero estas personas se han desplazado para darle un último adiós..." Para mí, fue mi última oportunidad de estar cerca de mi marido para aceptar, en su nombre, las oraciones, los deseos, la fuerza, las lágrimas, las risas y la energía de todas aquellas personas. Estoy orgullosa de haberlo hecho por las personas que se desplazaron. Cuando estamos sobre el escenario, nosotros hacemos el show. Aunque haya quien nos ayude a dar lo mejor de nosotros mismos, nosotros somos los que hablamos, los que paramos a la banda. Nosotros cantamos las canciones que queremos. Pero aquel era el momento de que ellos hablasen.



VUELTA A LA RUTINA

Después del funeral volviste a Las Vegas con tus hijos ¿Cómo viviste esos primeros días sin René?
Retomamos el ritmo familiar como pudimos. Hicimos nuestra ceremonia "Up": mandamos globos al cielo varias veces. Lo filmé todo, como recuerdo para los niños. Además papá está ahí, en nuestras vidas, cada día. Tenemos varias fotos suyas por toda la casa. Hay una que es nuestra favorita: vemos a René con globos y las letras "TVEC", porque siempre decía "Tout va être correct" (Todo irá bien) (sonríe). Solemos besar esa foto, los niños le hablan...

También reformamos la habitación en la que René pasó sus últimos años. Era importante sacar todo el dolor de esa habitación. La cama terapéutica, la rampa para ayudarle a levantarse, el banco de la ducha, los aparatos médicos... Quise quitarlo todo, su despacho y los mensajes de "Estamos contigo". Lo guardé todo, pero quise quitar todo lo tangible. Y volvimos a pintarlo como era antes. Ahora es una habitación luminosa por la que solemos pasar cuando estamos en casa. En esa habitación tenemos todo tipo de cosas importantes para nosotros. Dibujos, fotos, recuerdos... ¡se ha convertido en un lugar feliz!

Pero tú, Céline, ¿en qué momento extrañas más a René? ¿Por la mañana? ¿Antes de subirte al escenario? ¿Por la noche?
Por las noches no, porque en casa tengo lo esencial. Todos los días miro a René-Charles, Eddy y Nelson y veo a René. Vive a través de ellos. Por la noche, cuando veo una película con los pequeños y mi hijo mayor no está lejos, le hago las mismas preguntas que hacemos todas las mamás: "¿René-Charles, lo has hecho todo? La ducha, los dientes, etc? Te quiero, mi amor. Intenta dormir, mañana tienes colegio. Si pasa algo, ya sabes dónde estoy." Después bajo las luces, meto a los perros en la cocina y me voy a la cama con mis gemelos. Tenemos un ritual para darles las buenas noches a todos. A la abuela, a las flores, a los pájaros, a los cangrejos... También le damos las buenas noches a papá, y le damos besos a su foto que está sobre la mesita de noche. Normalmente, se termina cuando uno de los dos deja de contestar, porque se ha quedado dormido. (risas) Para mí es relajante. Cierro los ojos y estoy en paz. De verdad. 


THE SHOW MUST GO ON: ¡CÉLINE DE GIRA!

¿Te da miedo salir de gira en este momento?
No. Para mí, lo más difícil fue volver al escenario tras la muerte de René. Aun así, creo que va a ser muy emotivo...

Has vuelto a trabajar con Jean-Jacques Goldman, que te ha escrito una canción nueva...
Durante el periodo en que René recibía los tratamientos en Boston, llamé a Jean-Jacques Goldman. Literalmente, me dijo: "¿Sabes, Céline? Ya te he escrito sobre todo lo posible. Ya lo hemos dicho todo. No vamos a repetir lo que ya hemos hecho juntos." Lo entendí, pero le expliqué: "Me encantaría que me escribieses una canción que nunca has escrito para mí. Es un tema muy delicado: alguien que lucha muy fuerte por su vida. Es el principio de una nueva vida." Aceptó de inmediato. Me emocionó muchísimo. La canción se llama Encore un soir. "Una noche más, una hora más. Una lágrima de felicidad más..."

¿Hay alguna canción que no seas capaz de cantar?
Digamos que no cantaría Ne me quitte pas. (risas) Lo que es difícil es empezar cada uno de los conciertos. Una vez empiezo, creo que me pongo en modo escenario y listo. Porque ya sabes que amo hacer esto. Quiero estar en el escenario. La gente del público se aferra a mí, quieren estar ahí. Así que lo más difícil es el comienzo del concierto, la carga emocional del público... Me voy de gira, debo cerrar el círculo. Y cuando llegue a Montreal, creo que va a ser muy emotivo.

¿Cómo te preparas para el momento?
No me preparo; voy a vivirlo. El público me ayuda a vivir el duelo. Tiene que salir. Y si pasa, pasará. Dejaré que el tiempo pase... Tal vez lo exprese cantando una canción. (entona la canción de Léo Ferré "Avec le temps") "Con el tiempo. Con el tiempo todo se va." Es verdad...



Un encuentro inolvidable

Aunque ya había visto cuatro veces el espectáculo de Céline Dion en Las Vegas, nunca habría imaginado que un día la entrevistaría en el escenario del Colosseum. Sigo la carrera de Céline desde el principio. La primera vez que estuvo en el programa de Michel Jasmin, íbamos al mismo colegio ¡Fue impresionante ver a una compañera de clase en la tele! Aquella alumna tan discreta pero siempre sonriente ha recorrido un largo camino desde entonces. Siempre he admirado mucho a la mujer, la madre y la artista que es. 

Cuando me encargaron hacer esta entrevista me temblaron las rodillas y se me aceleraron las pulsaciones. Fue un honor que me diesen esa confianza. Unas semanas después de recibir la llamada, estaba volando hacia Las Vegas para por fin tener el encuentro.

Estuve muy bien rodeada, entre otros por Jean-Philippe Dion, Stéphane Laporte, Jean Lamoureux y Lucie Dumas, vicepresidenta de TVA Publications. Teníamos un objetivo común: ¡hacer la mejor entrevista posible! Lo que me gusta de este trabajo es que todos los detalles son muy importantes. Me gusta ese nivel de perfeccionismo. Me dieron ejemplo desde que llegamos al hotel, porque el director Jean Lamoureux sólo tenía una cosa en mente: encontrar los sillones en los que nos sentaríamos Céline y yo ¡Salió a la caza de los sillones por toda la ciudad! Por nuestra parte, nos instalamos en el hotel. Tuvimos dos reuniones de contenidos para no dejar nada al azar. Fiel a mi costumbre, no me gusta trabajar con tarjetones ni notas: quiero vivir el momento presente con la invitada. Para eso tuve que prepararme muy bien y el equipo me dio su confianza. Afortunadamente, así fue.

Lo único que me preocupaba era la gripe ¡La encimera de mi baño parecía un estante de farmacia! La mañana de la entrevista tenía la voz ronca, pero me tomé un par de pociones y la recuperé intacta. Cuando me subí al escenario y tomé consciencia de la amplitud de la situación pensé: "¡Casi nada!" Cuando Céline llegó con su equipo, enseguida rompió el hielo. Nos reímos por lo alta que es ella comparada conmigo: ¡tuve que subirme a una caja de manzanas para que nos hiciesen la foto juntas! Céline hizo una broma, se subió a la caja de manzanas y apoyó el codo en mi cabeza ¡Todos nos partimos de risa! Nos sentamos, hablamos de nuestros hijos y, dos minutos después, empezamos la entrevista. No tuve tiempo para ponerme nerviosa. Siempre recordaré este privilegio...









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