Gala | 20.01.2016
junio 08, 2011Y René creó a Céline
No se separaron ni una vez en treinta y cinco años. El cáncer de René acabó separándolos el 14 de enero. Además de un mentor que dio forma a la carrera de la artista, René fue un esposo generoso y un padre muy cariñoso.
FIESTAS, VIAJES, CEREMONIAS... NO SE PRIVABAN DE NADA
Una mirada bastó para que sus destinos se unieran para siempre. Céline tenía doce años. Era una niña insegura con problemas dentales y una melena poco arreglada que le ocultaba la cara. Era tímida, delgada e introvertida. Pero tenía unos cautivadores ojos oscuros, expresivos, felices. Cuando René le hizo una audición improvisada en su oficina, no supo qué pensar de aquella niña pero su mirada le dejó sin palabras. Le hablaba con suavidad para no intimidarla. Le pidió que interpretase una canción acapella y le prometió que sería justo y sincero. Impresionada, Céline bajó la mirada al suelo y después miró a su hermano Michel, que la acompañaba. Reunió el valor necesario y se lanzó a cantar Ce n'était qu'un rêve mirando a René a los ojos. Su voz resonaba en la oficina, las paredes temblaban. Fue bonito, intenso, fuerte. El manager estaba ante un nuevo sueño: acababa de descubrir un diamante en bruto, el que le llevaría a lo más alto. La pequeña lo tenía todo: instinto, presencia y sobre todo una voz única que necesitaría cierto trabajo y perfeccionamiento. El talento estaba ahí, eso era indiscutible. Emocionado, no se atrevió a decirle nada. Ni siquiera se acordaba de su nombre: ¿Christine, Cécile o Céline? La pareja suele reírse al acordarse de aquella anécdota... Le dijo a Thérèse Dion, la madre de Céline, que también estaba presente: "Si confía usted en mí, le garantizo que en cinco años su hija será una gran estrella en Quebec y en Francia." Tal vez incluso más allá, sugirió después. Firmó un contrato con el clan Dion. El resto es historia.
SIEMPRE JUNTOS, PERO CON LA MAMÁ DE CÉLINE, PROTECTORA DE LA VIRGINIDAD DE SU HIJA
René soñaba a lo grande, muy a lo grande para Céline. Ella entendía que tenía mucha suerte de trabajar a su lado. Él ordenaba, ella ejecutaba. Sus dos vidas estaban unidas. Fuesen donde fuesen, siempre iban juntos, pero acompañados por Mamá Dion, protectora de la virginidad de la más joven de sus catorce hijos. Rápidamente, Quebec se rinde a los encantos y la personalidad cariñosa de la cantante. La artista edita dos discos, ambos coronados con el éxito. Pero René quiere convertir a Céline en una estrella en Francia. "Nunca me reveló en detalle sus planes para mí," cuenta Céline en su autobiografía Ma vie, mon rêve (ed. Robert Laffont). "Sabía que mi madre y yo confiábamos plenamente en él." Se fueron a París. Allí, ella tomó clases de dicción y canto con Madame Tosca, una referencia. Perfeccionista, quiso suavizar su acento de Quebec y aprender la interpretación correcta. La buena alumna acabaría convirtiéndose en una excelente artista. No sin sacrificio, repitió sus lecciones una y otra vez. René era un visionario y, para la familia Dion, siempre tenía razón.
Céline se veía pasada de moda. Soñaba con llevar camiseta y vaqueros como Vanessa Paradis, la lolita de los franceses. Cada vez más absorbido por la carrera de su protegida que rápidamente se impuso en las listas de Quebec y de Francia, René se fue distanciando de su vida familiar. Se pasaba el tiempo viajando para reunirse con autores, compositores, productores. Su esposa Anne Renée sufrió por ello y comenzaron a llegar las crisis de celos. René lo ignoraba, dedicaba toda su energía y su dinero a "crear" la carrera de Céline. Quería convertirla en "la mejor cantante del mundo". Creía en ello y ella también. A petición de René, Céline dejó los estudios. De todas formas, no eran santo de su devoción. Únicamente por educación, avisó al director del colegio. René jamás se arrepentía de sus decisiones y nunca pedía permiso. Era un tiburón. Céline apreciaba sobre todo su voz de oriental, melodiosa y su mirada penetrante. Ya estaba enamorada.
René se niega a tener pensamientos más allá de los estrictamente profesionales. Estaba casado y era demasiado mayor para Céline. El público se tomaría mal una historia entre ambos. El asunto era delicado, de adolescente Céline dormía con la foto de René bajo la almohada. Lo veía atractivo, sexy, generoso, pero no podía comentar su pasión con su madre, ya que ni en broma la aprobaría. "Soñaba con él cada noche," recuerda. Ella tenía dieciséis años, él cuarenta y dos. Un amor prohibido. Dos años más tarde, a la salida de un restaurante, la frenó y le pidió que guardase las distancias. Céline se negó. "Quería a un hombre en mi vida, y le pondría tanto empeño como a la música," recuerda ella.
"SI DE VERDAD QUIERES, SERÉ EL PRIMERO." ELLA LE RESPONDIÓ: "EL PRIMERO Y EL ÚNICO"
Un tiempo después, Anne Renée dejó a René. Al fin era libre para amar, pero prefirió instalarse en Las Vegas para jugar al póker. Se alejó durante un año. Céline, por su parte, siguió obedeciendo, pero no se veían. Ella también desapareció durante varios meses, se transformó físicamente como su manager le había pedido. Cambió de peinado, de look. Empezó a interesarse en la moda, a seguir las tendencias. René se encontró con ella el 30 de abril de 1988 en Dublín, Irlanda, cuando Céline acababa de ganar Eurovisión. La acompañó a su habitación, se dejó abrazar pero no se quedó allí. Céline estaba decepcionada... Después él la llamó desde el hall del hotel y le dijo: "Si de verdad quieres, seré el primero". Emocionada, ella le respondió: "El primero y el único." Y mantuvo su palabra.
Nunca se separaron desde entonces. Hizo de su compañera una atleta del más alto nivel, una reina del escenario. Durante tres meses, ella aprendió inglés día y noche antes de empezar a trabajar en Estados Unidos. Sin concesiones, la llevaba cada vez más lejos. Cuando se rompe, él la reconforta, la escucha. No tiene derecho a parar. La fama está en la cúspide, también el dinero. Los éxitos empiezan a llegar. Los álbumes D'eux y Falling Into You propulsan a la pareja al círculo más cerrado de las mayores fortunas del show business. Se compran una mansión en Canadá y una propiedad en Florida. Céline se convierte en icono de moda, rubia, esvelta, moderna. Se recorren el mundo en su jet privado. Nada puede pararlos, la canción de la película Titanic, My Heart Will Go On, convierte a Céline en una de las mayores estrellas del planeta. Felicidad y éxito como si se tratara de una película de Hollywood, hasta el día en que René se encuentra un pequeño bulto en el cuello. Veredicto: cáncer de garganta. Estamos en 1999.
Pasan por esa prueba de la mano, sin ocultarles nada ni a sus familias ni a su público. Después deciden vivir la vida, luchan por tener a René-Charles, resultado del amor y de la Fecundación in vitro, y más tarde a los gemelos Eddy y Nelson. "Quería lo mejor para Céline," recuerda su fotógrafo Gérard Schachmes, "es una historia de amor extraordinaria." Se construyeron mutuamente, como cuenta el director de Céline face à Dion, Mathias Goudeau. En Ma vie, mon rêve, Céline habla sobre su primer embarazo: "Y ahí estaba esa vida, que René supo defender y preservar luchando, creciendo en mi interior. Es la prueba de que hay que creer en la felicidad, la prueba de que el amor existirá siempre y cuando creamos en él." Céline y René siempre creyeron en ese gran amor.
La vida sin René
René nos ha dejado, arropado por la voz de Céline. Hasta su último aliento, ella estuvo a su lado sin derramar una sola lágrima. Él adoraba que su mujer fuese tan luchadora, la eterna optimista. Así que ella se mostró tal y como él la quería ver. El dolor, la pena, todo eso vendrían más tarde. Jamás mencionó lo peor delante de él. Eso lo mencionaba René, no ella. Solo importaba el presente.
Céline llevó el día a día como una esposa perfecta, ocupándose de sus tres hijos René-Charles, Nelson y Eddy, las comidas de René alimentándolo por sonda, organizando sus días en función de los cuidados de su esposo y de la llegada de los médicos y demás terapeutas. Lo apoyó con una sonrisa: "Creo que Céline es muy valiente," decía su madre Thérèse el pasado mes de septiembre. "Siempre supe que era así pero este año tengo que decir que me ha impresionado." La artista aprendió a no escuchar, a no seguir proyectando el futuro. Fue el propio René quien se lo enseñó. Cada día es una pequeña victoria contra la muerte.
René adelgaza, ella le organiza un nuevo armario con ropa más práctica y cómoda. René ya no habla, ella se expresa por él. René quiere que ella vuelva al escenario, así que la cantante retoma sus conciertos en Las Vegas a finales de agosto de 2015. Ella quiere que los últimos días sean perfectos. Así que decora su casa de Las Vegas para Halloween con telas de araña, algo gracioso y surrealista. A los niños les encanta y también a René. Céline sigue sorprendiendo a su marido, haciéndole reír. En Navidad - la última que pasaron juntos - recreó un ambiente del Polo Norte. Nada fácil cuando fuera hay unos 14ºC. Hace lo imposible por conseguirlo. El resultado, su nido de amor se parece al chalet de Papá Noel, con esculturas de hielo alrededor de la piscina. Un momento de desconexión y tranquilidad. Céline hace el payaso, mira dibujos animados en cama con sus dos hijos pequeños, dándole así su espacio a su hijo adolescente. René adora que Céline se olvide de la muerte y la impulsa a hacer vida fuera de casa. Le está agradecido.
Sin embargo, ya no tiene ganas de seguir luchando. Demasiado cansado para seguir con el tratamiento, la vida le abandona lentamente... Hasta que su corazón deja de latir. Céline le tomó la mano hasta su último aliento. Realmente quería morir en sus brazos y así se lo había pedido. Ella se lo prometió. Probablemente se acuerde de él cada vez que cante la canción Vole que Jean-Jacques Goldman le escribió en 1995: Vuela, vuela mi amor / Porque nuestro lado es demasiado pesado / Porque nada te retiene aquí / Vuela a tu último viaje / Deja tus momentos de cansancio / Vuela, aún no has volado / Olvídate del dolor, como una paloma / Alza el vuelo. Le besa la frente, con amor. Por fin está en paz. Ella lo deja marchar. Su último encuentro, el más doloroso. Después llegó el momento de darle la noticia a sus hijos, a su familia, presente a su lado. Encontrar las palabras adecuadas para cada uno, sin ser brusca, sin hundirse. La noticia se expande por las redes sociales antes de que llegue el comunicado, sobrio y sencillo: "Fue un shock," nos dice el productor y amigo de René Gilbert Coullier. "Pero también fue un alivio para él, estaba sufriendo mucho. Hacía seis meses desde nuestra última llamada, lo noté muy cansado..."
Llega el momento de recordar. Céline debe ser fuerte por sus hijos. "Es una mujer muy fuerte," asegura Mathias Goudeau, director del documental Céline face à Dion emitido en France 3 el pasado 21 de diciembre. Rodeada de sus hermanos y hermanas y de su madre y de los anteriores hijos de René, empieza a preparar el entierro de su hombre. Habían escogido juntos los detalles de la ceremonia, hasta los más pequeños.
La artista adopta el papel de líder del clan, el que René habría querido asumir. Cuando le interrogan cómo está, ella guarda silencio. Cada día sufre sin compartir nada. Estará bien... Le basta con pasar tiempo junto a sus gemelos Nelson y Eddy, de cinco años, y René-Charles de catorce, que durante mucho tiempo se negó a aceptar la enfermedad de su padre. Deja a su nuevo manager, Aldo Giampaolo, gestionar todo lo que viene. Ahora, todo le parece demasiado lejano.
De momento, sus conciertos en el Caesar's Palace de Las Vegas están cancelados (Céline tiene allí una residencia hasta 2019 y debe dar setenta conciertos al año), el álbum en francés (escrito principalmente por Jean-Jacques Goldman y Francis Cabrel) esperado para 2016 está en espera y sus conciertos en París, a finales de junio y principios de julio, están entre paréntesis. Es demasiado pronto. Sólo sabemos que Céline seguirá cantando. René se lo pidió como última prueba de amor. Ella lo hará como una última declaración de amor.
Ya estando enfermo lo preparó todo a conciencia. Puso a Aldo, su amigo desde hace veinticinco años, en cabeza del management de Céline; Patrick, su hijo mayor, responsable de la web y de las redes sociales de la artista. René, como siempre, visionario: "Evaluaremos la carga de trabajo," declaraba en septiembre su nuevo manager. "Tiene muchas cosas que hacer: álbumes, promoción (...) Céline recibe propuestas para participar en todo tipo de eventos, en Japón, en Emiratos Árabes... En fin, por todo el mundo. Es fascinante ver lo relevante que es a nivel mundial." También quiere que la cantante lance una línea de ropa, objetos de decoración y, por qué no, dar sus primeros pasos en el cine. Tiene proyectos, pero está esperando a que Céline supere el duelo. Le dará todo el tiempo que necesite...
Nadie sabe dónde estará Céline en diez días, en un mes, en un año. Ni siquiera ella. ¿Seguirá viviendo en Las Vegas, donde la retienen sus conciertos y el colegio de sus hijos, o en Montreal, donde será enterrado el hombre de su vida? Lo único seguro es que Céline cantará para René y para nadie más. Por siempre.
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